Apartadas para Dios (parte 2)



2 Timoteo 1:9 NTV
Pues Dios nos salvó y nos llamó para vivir una vida santa. No lo hizo porque lo mereciéramos, sino porque ese era su plan desde antes del comienzo del tiempo, para mostrarnos su gracia por medio de Cristo Jesús.

La redención a través de Jesús no fue una solución de emergencia, sino un propósito eterno y soberano de Dios para mostrarnos su gracia.
Todo el crédito de la salvación le pertenece a Dios y se hace visible a través de la obra de Jesús en la cruz.
No nos salvó porque lo mereciéramos sino que es un regalo inmerecido o gracia. Ningún esfuerzo humano, ritual o buena obra puede comprarla o ganarla.

La salvación y el llamamiento a vivir una vida santa van de la mano. 

Dios nos ha salvado no solo para librarnos de la condenación, sino para transformarnos y apartarnos para un propósito santo.

Amadas como están? es una bendición estar nuevamente con ustedes, voy a continuar con la segunda parte de vivir apartadas para Dios.
Habíamos dicho la semana pasada que Dios antes de la fundación del mundo ha deseado un pueblo santo y al transcurrir el tiempo ha dado instrucciones a sus siervos para obedecer con su ayuda este llamado a ser santos y apartados para él, y que va también para nosotras.
Amada te invito a escuchar la primera parte de este mensaje y si deseas compartirlo sería grandioso y así hacer correr la palabra de Dios.

También dije que era imposible ver a Dios y su santidad, y en esta oportunidad veremos al profeta Isaías confirmado esa verdad.
Isaías 6:5 
Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.

El profeta Isaías dijo estas palabras cuando tuvo una visión y vio a Dios sentado en un trono muy alto, con unos serafines que volaban por encima de Dios, que con fuerte voz se decían el uno al otro: Santo, santo, santo es el Dios único de Israel, el Dios del universo; ¡toda la tierra está llena de su poder!

Aquí el profeta experimenta un profundo sentido de temor y humildad al ver a Dios en su gloria. Al reconocer la infinita perfección de Dios, se da cuenta de su propia pecaminosidad.
Isaías pudo escuchar de los ángeles al cantar, el atributo mayor de Dios que es santo. 

Isaías comprende la diferencia abismal entre la absoluta pureza de Dios y el pecado humano.

Tener labios inmundos representa que las palabras son el reflejo del corazón. Por ello Isaías reconoce que su boca, con la que habla y quizás ha profetizado está contaminada por el pecado.

Y como no se puede ver la grandeza de Dios y vivir, el mismo otorgó un Camino, donde Isaías más adelante da una profecía de redención y restauración, un camino espiritual puro donde los redimidos caminaran seguros sin perderse conocido como el camino de santidad y lo vemos en: Isaías 35:8
Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará. 

Amadas a diferencia de un desierto por el que es fácil perderse, Dios construye un camino seguro, claro y elevado para su pueblo: "un camino Santo" que es un sendero apartado del pecado y consagrado a Dios y representa una forma de vida pura.

Este camino esta reservado solo para aquellos que han sido purificados. El pecado, la maldad y el mal serán excluidos.
Hermanas la guía de Dios será tan clara en este camino, que incluso los más inexpertos, ignorantes o sencillos espiritualmente podrán mantenerse en la dirección correcta y llegar a su destino sin perderse.

Sepamos que el Camino de Santidad representa a Jesucristo. El mismo se identificó directamente con esta profecía de Isaías en el Evangelio de:
Juan 14:6 al decir: 
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. 

Él es la vía exclusiva y perfecta que conecta al ser humano con Dios el Padre, es el camino de la salvación.
No es un sendero que el ser humano pueda construir con sus propias fuerzas, sino una vía de escape y de rescate diseñada, pavimentada y abierta por Dios para salvar a la humanidad del desierto espiritual del pecado.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles, el cristianismo primitivo no se llamaba "religión cristiana", sino simplemente «El Camino» 
Hechos 9:2; 19:9

Amadas la promesa de que "el que anduviere en este camino no se extraviará" representa la claridad de la gracia de Dios y que la santificación no depende de nuestros logros ni nuestras fuerzas, sino de la obra y gracia del Espíritu Santo, la cual está disponible para cualquier persona sencilla y quebrantada de corazón.
Este Camino representa el estilo de vida de los creyentes, una caminata diaria de obediencia, fe y transformación espiritual.

Ahora después de lo dicho vamos a ver ahora a Jesús mostrando el camino hacia él mismo, explicándoles con enseñanzas claras a sus seguidores en su primer sermón: el Sermón del Monte, que lo encontramos en el Evangelio de Mateo 5, donde describe los rasgos de carácter y los caminos de un hijo o hija de Dios. 
Si vamos a vivir apartadas para ser como Dios, así es como todo esto va a lucir. 
Jesús no enseña en su sermón un retrato de una persona santa y menciona un pasaje del A.T. específicamente en Génesis 17:1 leamos:
Mateo 5:48 
Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Aquí Jesús nuevamente hace el llamado a ser perfectos como en el Antiguo Testamento.
Y como dije en la enseñanza anterior la palabra perfecto no se refiere a la ausencia de errores o a un perfeccionismo tóxico. Significa madurez, integridad, totalidad o completitud en el amor y el carácter.

Hermanas Dios nos da sus mandamientos, no para limitarnos, no para agobiarnos, sino para enseñarnos cómo es él y para ayudarnos a convertirnos en personas semejantes a él. Cuando obedecemos sus mandamientos, nos convertimos en personas semejantes a él.

Ahora, era difícil para nosotras poder ver cómo era Dios, por ello él envió a su Hijo, el camino para verlo a él, a Jesús, su Hijo perfecto, la representación exacta, la imagen exacta de Dios mismo. 
Dios lo envió a este mundo para enseñarnos cómo es él, para mostrarnos cómo luce la santidad en forma humana a través de la persona de Jesucristo. 

Ahora al recordar a Jesús cuando cargaba la cruz, siendo atormentado, flagelado, golpeado, y luego dando su vida en esa cruz, lo único en que podíamos pensar es: Jesús hizo todo eso por nuestro pecado para  hacernos santas.
Amadas ¿Valoramos el sacrificio santo de Jesús?
¿Por qué Dios ofreció a Su único, Santo y amado Hijo, para ser condenado a muerte por hombres perversos, como tu y yo?
¿Por qué Dios se quedó en silencio mientras su hijo exclamaba: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Y la respuesta es, porque Dios es santo.

El día allá en la cruz, el día más oscuro en la historia del universo, Jesús, libre de culpa, sin pecado, sin mancha, el perfecto Cordero de Dios, el Hijo santo de Dios, se hizo pecado. Él lo hizo suyo.

Amadas no olvidemos que Dios nos ha apartado antes de la fundación del mundo para ser santas, perfectas, abandonando el pecado con su ayuda. Y este llamado no debemos tomarlo a la ligera, esto es serio. Cuando nos negamos a deshacernos del pecado, lo que en verdad estamos haciendo es: despreciar la gracia, el amor, el sacrificio de Jesucristo. Estamos pisoteando su obra redentora, y estamos diciendo que su sacrificio de muerte en la cruz no tiene ningún valor, hermanas tengamos cuidado con esto.

Ahora, dado que Dios es Santo y perfecto nuestras vidas deben demostrar su majestad y santidad ante el mundo. A medida que ellos vean su imagen reflejada en nosotras, se verán inclinados a adorar y a glorificar a Dios.
¿Recuerdas lo que dijo Jesús en 
Mateo 5:16? Te lo leo:
Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Así que cuando la gente que nos rodea, vean cómo actuamos, estarán viendo un reflejo de Dios.

Amadas la verdadera santidad empieza en el interior, en nuestros pensamientos, actitudes valores, motivaciones y en aquella intimidad con él. 
Nuestra vida debe realmente mostrar un verdadero culto que consiste en dedicar nuestras acciones diarias, cuerpo y mente a servir a Dios en respuesta a su gran misericordia, leamos lo que Pablo nos dice en:
Romanos 12:1 
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

Pablo nos está pidiendo que presentemos nuestra vida entera, nuestro cuerpo, manteniéndonos apartadas del pecado, buscando la santidad y viviendo de una manera agradable que honre y complazca a Dios.

Entonces, nosotras estamos llamadas a ser santas porque la santidad es el objetivo de Dios para mi y para ti. La santidad es la meta de Dios para nosotras. Mientras estamos en este lado del cielo él nos irá perfeccionando, santificando, leo
Proverbios 4:18 
Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.

Amadas si nos mantenemos en el camino del bien, iremos reflejando su luz, su santidad y perfección,  por lo tanto debemos tener paciencia en cada proceso, confiando en que cada paso correcto nos acerca a una vida más plena y luminosa.
Hemos sido llamadas a ser santas. Esa es nuestra meta final. Si somos hijas de Dios, un día seremos santas.

Ahora: ¿Qué refleja nuestra vida a los que nos rodean?
¿Le brinda al mundo un verdadero retrato de Dios?
¿Nuestras palabras, actitudes, comportamiento, ¿muestran a las personas cómo es Dios en realidad?
¿O profanan la santidad de Dios quizás por un espíritu quejoso, un espíritu controlador, palabras furiosas o hirientes, quizás por participar en conversaciones groseras, reírte de chistes vulgares o denigrantes, disputas ociosas, o divorcios en la iglesia? 
¿Estamos en la búsqueda del eterno propósito de santificarnos?
Hermanas deseo que busquemos:
1 Juan 3:2-3
Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.

Estos versículos nos enseñan sobre nuestra identidad actual como hijas de Dios y nuestra transformación futura al regresar Jesucristo. 
La promesa de que seremos semejantes a él y lo veremos tal cual es, nos motiva a vivir una vida santa y pura en el presente reflejando su carácter como iglesia, también conocida como ekklesia palabra griega que significa: "asamblea", llamada fuera, para un propósito. 

Sepamos que la iglesia no es un edificio ni una simple institución, sino un cuerpo de creyentes que han sido llamados fuera de este mundo y apartados para los santos propósito de Dios.

Pero él ahora nos hace un llamado urgente a vivir una vida santa con una preparación activa, ya que su paciencia nos da tiempo para arrepentirnos y prepararnos para el regreso de Jesucristo; leamos:
2 Pedro 3:14
Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.

Aquí también el apóstol Pedro nos exhorta a esforzarnos  para llevar una vida recta e intachable libre de pecado para que, cuando Jesucristo regrese, nos encuentre en paz con Dios, es decir, sin mancha y sin culpa.

Aunque el mundo no entienda nuestra fe y aún no podamos ver la plenitud de lo que seremos, tenemos la certeza de que cuando Jesucristo regrese, seremos transformadas a su imagen y lo veremos en su gloria.

Esta esperanza no es solo un consuelo para el futuro, sino que tiene un impacto práctico hoy. Saber que seremos como él nos impulsa a esforzarnos por vivir en santidad y pureza mientras esperamos su venida.

Hermanas este mundo no es más que la antesala de la eternidad. 
Ahora ¿Con cuánto esfuerzo y cuidado nos preparamos para llegar a casa?

Recordemos que somos la novia y debemos prepararnos en pureza y hermosura para nuestro esposo santo. 
Que esa sea nuestra meta e ir limpiando nuestra vestidura, leamos:
Apocalipsis 22:14 
Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. 

El pasaje utiliza una metáfora para referirse a la pureza espiritual y al proceso de santificación.
Lavar las ropas, representa purificar el alma del pecado. 
En Apocalipsis 7:14, se describe que estas vestiduras se lavan y blanquean a través del sacrificio y la sangre del Cordero sin mancha, nuestro Señor Jesucristo, lo que simboliza el arrepentimiento y la redención.

El árbol de la vida, es un símbolo de inmortalidad, comunión eterna con Dios y vida plena, aludiendo al Edén.

Ahora entrar por las puertas a la ciudad: Representa el acceso a la Nueva Jerusalén, es decir, el reino celestial y la vida eterna.
Lo contrario a este versículo sería que, quienes no se han purificado o persisten en prácticas destructivas (mentira, idolatría, inmoralidad) no tienen lugar en esta nueva ciudad.

Amadas para finalizar este mensaje de ser apartadas para Dios, soy honesta al decir que este llamado a ser santas no es fácil pero tampoco imposible, ser santas no lo lograremos sin la asistencia del Espíritu Santo, dejemos que Dios cumpla su promesa y haga su trabajo como dice en: Filipenses 1:6 
Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.
¡Amén, gloria a Dios!

Oremos juntas:
Oh, Dios, te alabamos y te bendecimos, gracias por tu maravillosa palabra que nos recuerda tu llamado santo, por ello te pedimos que nos reveles más de tu santidad, más de nuestro pecado, ayúdanos a odiarlo y amar la rectitud tal como tú. Que tu espíritu santo haga la obra en nosotras, convenciéndonos de nuestra maldad.
Padre haz crecer en nosotras un espíritu de arrepentimiento, haznos cada día más santas como tú Padre eres santo.
No te detengas Señor hasta haber acabado tu obra en nuestra vida y trasformado nuestro corazón, para servirte con un corazón limpio, puro y santo y poder estar a tu lado eternamente, en el nombre de Jesús amén. 

Amadas me despido con un fuerte abrazo hasta nuestro proximo episodio, sean bendecidas con el mensaje de Dios y a seguir preparándonos en santidad para presentarnos ante un Dios Santo.
Dios las bendiga. 

LA VERDADERA SANTIDAD ES EL CAMINO A LA PLENITUD DE VIDA Y AL GOZO, SER SANTAS ES VIVIR PLENAS EN JESUCRISTO PARA IR A CASA. 

¡Dios con nosotras!

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