Un encuentro verdadero con Dios

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Santiago 4:8-10 
Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.  Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.

Este es un pasaje que insta a los creyentes a acercarse a Dios genuinamente para restaurar su relación con Él, especialmente si sus vidas están divididas entre Dios y el mundo. 
Y el apóstol Santiago nos dice que esto se logra a través de la humildad, el arrepentimiento genuino y el deseo de santidad, con la promesa de que al someterse a Dios, Él los exaltará. 

Amadas bienvenidas, una vez más juntas en una nueva cita para conocer más de la palabra de Dios y sus enseñanzas para nuestra vida.
Hoy dedicaré el mensaje para dar a conocer como tener un verdadero encuentro con Dios, un encuentro de corazón y no un encuentro emocional.

Ahora para obtener un verdadero encuentro con nuestro Señor según Santiago se debe primeramente:
Acercarse y él vendrán. Es una invitación directa a buscar una relación más íntima con Dios. 

La relación con Dios se debilita por la influencia del mundo y la pecaminosidad, por lo que el creyente debe tomar la iniciativa para acercarse a él por medio del don de Dios, por medio de la fe.

En ese encuentro los pecadores, deberán buscar ser completamente limpios confesando sus pecados, tener una necesidad de una limpieza espiritual, de una lealtad genuina y sincera. No se trata de una tristeza superficial, sino de un lamento genuino por el pecado y por haberse alejado de Dios, abandonando la superficialidad del placer mundano.
1 Juan 1:9 
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Y algo más, es que se debe tener un corazón humilde delante del Señor, y él los exaltará.
Esta es la culminación del proceso. La humildad genuina ante Dios es clave.
Reconocer la grandeza de Dios y la propia necesidad.
La promesa es que Dios, en su tiempo, honrará a los que se humillan ante Él, en contraste con su resistencia a los soberbios. 

Amadas un encuentro con Dios puede cambiar completamente la vida de una persona, alterando su destino, propósito y perspectiva. 
Esto se debe a que la experiencia puede transformar a las personas, llevando a cambios profundos en su corazón y comportamiento, como lo demuestran numerosos ejemplos bíblicos de siervos que experimentaron una transformación radical tras su encuentro con nuestro Señor.

Encontrarse con Dios es un proceso personal y único para cada uno, y nosotras lo hemos experimentado. 

Dios no ayudó para ese encuentro, él mismo nos ofreció una guía para encontrarlo y mantenernos frente a él, a través de la Biblia.

¿Estás lista para experimentar un encuentro personal con Jesucristo y como lo debes hacer?

Amada quiero recordarte algunos pasos que puedes seguir y que es muy parecido a lo que nos explica el apóstol Santiago.

Ahora En Romanos 3:23 nos dice
Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

Entonces según Pablo aquí, debes reconocer que estas lejos de Dios y le vas a dar el primer lugar en tu vida, por lo tanto se debe pedir perdón por todos los pecados cometidos, porque el pecado es lo que nos aleja de Dios. 

Seguidamente creer que Jesucristo murió para pagar por nuestros pecados y que resucitó para estar ahora a la diestra del Padre. 
Romanos 10:9 
Que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo.

Hermanas se debe recibir el regalo gratuito de la salvación de Dios. No tratar de ganarlo, sino reconocer que es un regalo de Dios. 
Efesios 2:8-9
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Y por último pedir a Jesucristo que venga a tu vida y sea quien la dirija, y así formar parte de la familia de Dios, fundamentado en:
Juan 1:12 que dice: 
Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios.

Entonces como vemos el encuentro personal con Jesucristo es un momento de transformación que cambia la vida para siempre. 
A través de la fe en Jesucristo, podemos recibir la salvación y experimentar un nuevo nacimiento. 

Continuando así con la comunión con él, mediante una conversación con Dios, sincera y genuina, que se convertirá en una oración diaria.

Seguidamente te doy algunos consejos prácticos :
Debes continuar leyendo y aprendiendo de la Palabra de Dios; te recomiendo inicies con los Evangelios para conocer lo que Jesús hizo por nosotras.

Busca una iglesia que enseñe sana doctrina, cerca a ti, congrégate y pregunta por algún curso de preparación para bautizarte.

Toma decisiones de transformación, buscando la santidad y una forma integra de vivir que honren el amor que Dios tiene por ti.

Hermanas después de esta breve explicación me dirijo a ti amada que como creyente, es muy importante que  hayas experimentado un verdadero encuentro con Dios; ahí se fundamentará tu salvación. 
Pídele al Señor te muestre o quizás necesitas renovar tu comunión como lo hizo el salmista en el Salmo 139:23-24
Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.

Podría escuchar muchas historias de cómo Dios llegó a cada corazón, cada experiencia es diferente, pero fascinante.

Hermanas en la Biblia, muchas personas tuvieron encuentros con Dios, ya sea a través de visiones, apariciones directas o la voz de ángeles.
Aquí te dey algunos ejemplos notables como a:

Abraham: a él  se le apareció Dios como uno de los tres visitantes, confirmando la promesa de un hijo y revelando su plan para Sodoma y Gomorra. 

También a Jacob: quien vio una escalera al cielo en un sueño y luchó con un ángel. Él vio una escalera que conectaba la tierra con el cielo en un sueño, mientras los ángeles subían y bajaban. Dios le habló y reafirmó el pacto. 

Moisés: a él le apareció Dios en la zarza ardiente, dándole la misión de liberar a los israelitas de Egipto. También habló con Dios "cara a cara". 

Agar: a ella un ángel del Señor se le apareció en el desierto, brindándole consuelo y promesas sobre el futuro de su hijo Ismael. 

A Enoc: Caminó con Dios de tal manera que él se lo llevó sin que experimentara la muerte. 

Hermana me detengo un momento para relatar el encuentro de Dios con Agar.
Esta es la primera aparición del ángel del Señor en la Biblia. Y no se presenta ante un rey, ni un sacerdote, sino ante una esclava embarazada, que está sola, y se está escondiendo con miedo en el desierto. 
Ella no tenía quien la defendiera ni apoyara, y aun así Dios de los cielos quería que Agar supiera que Él la vio y la escuchó en su sufrimiento, en el desierto, leamos:
Génesis 16:7-9
Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur. Y le dijo: Agar, sierva de Sara, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sara mi señora. Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano .

Ahora, ¿Crees que Dios no sabia de donde venía ni a dónde iba Agar? 
Lo más seguro es que ya lo sepa.
Pero Dios siempre nos da la oportunidad para hablar con él y ser honestas y ella lo fue.
El Señor le hace una propuesta le dice que regrese, quizás para ella le resultó difícil. 
Agar de una manera u otra se sentía libre, pero me imagino con cuánta intensidad Agar debe haber querido gritar: “¡No quiero regresar!”. 
La idea de regresar debe haber causado en ella angustia y si no fuera poco, además de volver tendría que humillarse ante Sara.

Oh amadas, este es un mandato, que muchas de nosotras no deseamos hacer.
Dios le estaba pidiendo algo que parecía imposible y doloroso.

Peeo el regreso obediente de Agar a una situación miserable y dura, revela su fe en el Dios que se acercó a ella cuando escapó, y asi ella empezó un cambio en su vida.

Seguidamente veamos encuentros en el Nuevo Testamento:
A María: Un ángel del Señor se le apareció para anunciarle que concebiría y dio a luz a Jesús. 

También a Zaqueo: Se encontró con Jesús en un olivo, y este encuentro transformó su vida, llevándolo a cambiar su forma de vivir. 

A La mujer adúltera: Se encontró con Jesús en medio de una situación difícil, y Él la salvó de ser apedreada. 

A Simón Pedro: él tuvo múltiples encuentros con Jesús, incluyendo una experiencia de milagros de pesca. 

También vemos que se apareció al ciego Bartimeo: Jesús le devolvió la vista, y este encuentro lo llevó a seguirle.

También el joven rico tuvo un encuentro con Jesús quién le ofreció una forma de vivir más espiritual. 

Y por último Saulo de Tarso, quien tuvo un encuentro maravilloso con Jesucristo, siendo  un Instrumento escogido y valioso  en sus manos.

Ahora quiero que leamos el encuentro con la mujer adultera:
Vemos a Jesús regresando por la mañana al templo, después de haber estado en el monte, en un largo y extenso tiempo con su Padre, él se disponía a enseñar pero de pronto algo sucede:
Juan 8:3-5 dice así:
Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿Qué dices?
Los escribas y los fariseos eran sectas religiosas.
Los fariseos dominaban las Escrituras, eran separatistas, se jactaban de su estricta observancia de la ley de Moisés y del cuidado con que evitaban todo contacto con los gentiles, eran totalmente legalistas y religiosos.

Al llevar a esta mujer sorprendida en pecado delante de Jesús, vemos que actúan como si se tratara de un espectáculo público, la trataron sin misericordia ni delicadeza ya que en ese tiempo las mujeres eran discriminadas, ellas solo tenía deberes pero no derechos.

Los fariseos empezaron a describir los detalles de su pecado a Jesús y le mencionan una de sus leyes sobre el adulterio junto a su condena, que lo describe:
Deuteronomio 22:22
Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel.

Estos religiosos legalistas parecían estar disfrutando de ese momento, aunque tenían un tribunal, el sanedrín para sus juicios. Llevaron a la mujer hasta Jesús para obligarle a que la juzgara, haciéndole una pregunta con mucha sutileza ya que ellos siempre buscaban encontrar algo para acusar a Jesús:
Juan 8:6
Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.

En realidad estos fariseos estaban obligando a Jesús a elegir entre la misericordia y la justicia. Ellos sabían que Jesús siempre se había caracterizado por su compasión hacia los pecadores.

Estos fariseos solo utilizaron a esta mujer como carnaza humana con la que intentar prender a Jesús.
Parecía que los escribas y fariseos habían preparado su trampa con mucha precisión, pero ignoraban que Aquel a quién ellos querían atrapar, era el mismo Hijo de Dios quien conoce los pensamientos y que frustra los designios de los perversos.
Ahora Jesús les ignora y reacciona guardando silencio y se inclina a mirar al suelo.
Jesús ya había dicho anteriormente que él no vino a condenar, sino a salvar.
Pero ¿Qué es lo que escribía Jesús?
La Biblia no lo dice y sería especular al respecto, solo diré que quizás simplemente escribía con el fin de dejar pasar el tiempo y ver alguna reacción de parte de aquellos judíos religiosos y simplemente Jesús rehusó servirles de juez.
Continuemos:
Juan 8:7-8
Y como insistieron en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.
Es importante notar que el Señor no dijo que la mujer no hubiese pecado, lo que hizo fue recordar a sus acusadores que no eran ellos quienes podían acusarla, porque había una dudosa reputación de su propia vida y distaban mucho de ser puras.

Los fariseos se sentían a salvo bajo su capa de religiosidad. 
Seguidamente Jesús da un veredicto a esta mujer:
Juan 8:10-11
Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

Si notamos vemos que la mujer no salió corriendo cuando vio marchar a los fariseos y los escribas. 
Me imagino a ella temblando ante la presencia del Dios santo, Jesús no tenía pecado y, por lo tanto, estaba en condiciones de arrojar la primera piedra, pero no lo hizo.
Ella estaba a solas con su Salvador.
Y como Jesús acostumbra, da la iniciativa y con sus preguntas le da confianza a ella, él quiere que con él se sienta segura, sus enemigos han retrocedido por qué Jesús estaba con ella.
La mujer entonces descubre que con él, hay perdón para los pecadores que se arrepienten.

Ella no presentó excusa alguna para su pecado, no intentó justificarse.
La mujer entendió inmediatamente lo que significa la gracia que libera al culpable de la condenación.

Oh amadas que gratificante habrá sido para ella escuchar lo que le dijo el Señor, sintió libertad y un peso que caía de ella.
Cuando tenemos un verdadero encuentro con Dios el, nos perdona y nos hace libres.

Esta mujer al sentirse libre tomó un lugar, el lugar que Jesús le había dado, él vino a reivindicarla y devolverle su honor, valorándola y aceptándola en su ministerio, como su discípula.

Hermanas para finalizar este maravilloso mensaje quiero que sepas que el encuentro verdadero con el Señor es don de Dios.
Es algo que el Señor tiene que regalar, pero, al mismo tiempo, es necesario que los que le buscan, deseen encontrarse con él realmente.

Oremos juntas:
Señor Jesús gracias por tu mensaje, y por guiarme a tener un encuentro verdadero contigo, quiero conocerte mas personalmente, quiero conocer a mi creador. Lo siento por ir a mi manera; perdóname por mis pecados; gracias por tomar mi lugar en la cruz y morir, gracias por mostrarme ese amor incondicional que me muestras cada día. Me someto a ti y quiero alejarme de mis vieja manera de vivir y seguirte como mi Salvador y Señor. Amén 

Amadas gracias por acompañarme hasta el final, me despido con un abrazo hasta nuestro próximo encuentro Dios mediante. 

UN ENCUENTRO VERDADERO CON JESUCRISTO ES UNA ENTREGA DE LA VOLUNTAD PROPIA A LA DE DIOS, ACEPTANDO SU PROPÓSITOS PARA NUESTRA VIDA.

¡Dios con nosotras!

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