UN TOQUE DE SANIDAD
Jeremías 33:6
He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.
En el contexto del versículo vemos al profeta Jeremías encerrado en el patio de la cárcel por orden del rey Sedequías, mientras Jerusalén está bajo el sitio del ejército de Babilonia.
Todo parece destruido y sin salida humana. El pueblo iba a sufrir el destierro debido a sus desobediencias. En medio de este panorama de ruina, Dios da mensajes de un futuro regreso y reconstrucción, donde les promete sanidad y medicina, no habla solo de la salud del cuerpo, sino de sanar las heridas profundas del alma, las consecuencias del pecado y el dolor de la nación. Dios se presenta como el médico capaz de devolver la vida a lo que está roto, también promete paz, bienestar completo, tranquilidad, seguridad y armonía con Dios. Sus promesas son reales y firmes.
Este versículo se convierte en un refugio espiritual también para la iglesia en la vida práctica y recibir su toque de sanidad.
Los médicos y los tratamientos son herramientas necesarias y valiosas, pero la fuerza de la vida y la restauración provienen de Dios y él tiene la última palabra.
Aunque el cuerpo tarda en sanar, o enfrenta diagnósticos difíciles, Dios promete una paz que guarda la mente del miedo, la ansiedad y la desesperación. En esos momentos podemos pedir a Dios la sanidad del alma, que significa recibir fortaleza para no perder el gozo, la paciencia en el proceso.
Su fidelidad es evidente porque él promete estar presente en el valle del sufrimiento.
Amadas como están, Dios las bendiga, gracias por escuchar el mensaje de hoy, esperando puedan hoy recibir consuelo de Dios para su alma a través de su palabra.
Te invito a quedarte conmigo hasta el final, dónde a continuación voy a desarrollar una reflexión sobre lo que significa experimentar el toque de Dios y su poder para sanar el cuerpo, el alma y el corazón restaurando lo que el pecado a destruido.
Amadas antes de conocer a Dios estábamos sin vida, enfermas por la ceguera espiritual, pero Dios se acordó de nosotras y nos llevó hacia él, para darnos medicina y sanarnos de toda herida causadas por nuestra rebeldía y pecado.
Él nos tuvo compasión y nos dio un toque de sanidad.
El concepto de un toque de sanidad en la teología bíblica representa una de las manifestaciones más profundas de la compasión y el poder soberano de Dios. A lo largo de las Escrituras, la sanidad no se presenta simplemente como la reparación de un cuerpo biológico, sino como una restauración integral que abarca lo físico, lo emocional y lo espiritual, reconciliándonos con Dios.
Debemos tratar los procesos de sanidad espiritual y emocional como una realidad disponible para ti y esta en: Isaías 53:4-5
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
Las palabras originales en hebreo para "enfermedades" y "dolores" abarcan tanto la debilidad física como la angustia del alma.
Las heridas físicas de Jesús profetizado por Isaías, actúan como medicina espiritual para los seres humanos. La sanidad que ofrece es principalmente la cura del pecado y la separación de Dios
Amadas frecuentemente, buscamos un toque físico cuando lo que más urge es una restauración del espíritu. La teología bíblica vincula estrechamente el estado del corazón con la salud general. El salmista lo expresa con claridad en el: Salmo 103:3
Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.
Este versículo nos recuerda que el mayor favor de Dios es quitarnos la culpa, perdonando nuestros pecados cuando nos acercamos a él con un corazón arrepentido.
Al hablar de sanidad se refiere a la restauración física, emocional y espiritual. Dios tiene el poder de sanar nuestro cuerpo y de curar las heridas más profundas del alma y del corazón.
Entonces Dios perdona y sana.
Cuando el alma experimenta el toque del perdón y la liberación del resentimiento, el cuerpo suele reflejar esa liberación. La verdadera sanidad de Dios alinea nuestro ser completo con su diseño.
Ahora vamos a ver por el nuevo testamento como Dios a través de su hijo Santo por amor de su nombre provee sanidad, deshaciendo las enfermedades físicas y espirituales con su toque de compasión.
La enfermedad a menudo conllevaba aislamiento social y espiritual. El toque de Jesús no solo desafiaba las leyes rituales de la época, sino que devolvía la dignidad al quebrantado. El evangelio de Marcos registra un primer encuentro definitivo, leamos:
Marcos 1:40-42
Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquel, y quedó limpio.
Este pasaje muestra a un Jesús que rompe barreras de exclusión. No le importan las normas religiosas vacías que marginaban a los enfermos; prefiere la misericordia y el contacto humano directo para restaurar la dignidad de los rechazados.
El hombre no duda del poder de Jesús, sino el ve su disposición para atender a alguien tan marginado.
En el Antiguo Testamento, los enfermos de lepra debían vivir fuera de las ciudades y apartados de la gente porque se consideraban impuros.
Nadie se les podía acercar ni tocar, ya que el contacto transmitía la impureza ceremonial.
Jesús siente compasión profunda. En lugar de mantenerse a distancia o sanarlo solo con una orden (lo cual habría bastado), Jesús lo toca. Al tocar a un leproso, Jesús se hace ceremonialmente impuro según la ley judía; sin embargo, en lugar de contagiarse de la inmundicia del hombre, la pureza y el poder sanador de Jesús contagian al enfermo.
La sanación fue inmediata y la lepra desaparece al instante.
Amadas la sanidad comienza con la voluntad compasiva de Dios. Jesús no necesitaba tocar al leproso para sanarlo, su palabra bastaba, pero eligió hacerlo para sanar primero el aislamiento de su alma. Un toque de sanidad divina rompe el rechazo y nos recuerda que somos vástagos amados, no parias de nuestras circunstancias.
Así como Jesús ofreció un toque de misericordia también acepta el toque de Fe.
La doctrina bíblica enseña que la sanidad no ocurre en el vacío; a menudo requiere una respuesta activa de fe por parte del sufriente. La historia de la mujer con flujo de sangre ilustra cómo la fe arrebata el poder sanador de Dios, leamos en:
Marcos 5:28-29 y 34
Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó... Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz, y queda sana de tu azote.
Este pasaje muestra que la fe humilde y perseverante en Jesús tiene el poder de transformar la vida, sin importar cuán difícil o desesperada sea la situación. Jesús no vio su acto como una superstición, sino como una muestra genuina de confianza en su poder restaurador.
Esta mujer llevaba doce años sufriendo una enfermedad que la debilitaba físicamente. Además, según la ley judía (Levítico 15), su condición la hacía "impura" ceremonialmente, lo que significaba que estaba aislada de la sociedad y la religión. Había gastado todo su dinero en médicos sin mejorar. Al decir «si tocare tan solamente su manto», demostró una gran fe: creía que el poder de Jesús era tan grande que ni siquiera necesitaba hablar con él o ser tocada por él; con un simple roce bastaba.
En este caso también Jesús sanó inmediatamente, la hemorragia se detuvo al instante. Ella sintió físicamente en su cuerpo que había sanado de su «azote» (la aflicción que la atormentaba). No fue un proceso lento ni sugestión psicológica, sino un milagro total y repentino.
Y lo que más me maravilla de este encuentro sanador, es leer que Jesús la llama: "hija".
Jesús usa un trato tierno y personal. La saca del anonimato y del miedo. Ya no es una marginada social ni una desconocida en la multitud.
La fe de la mujer fue el puente. Ella creyó que con solo tocar su ropa sanaría. Jesús aclara que el poder viene de Dios, pero se activa al confiar plenamente en él.
En la cultura judía, esta mujer vivía en constante angustia religiosa y social debido a su enfermedad (considerada impura según la ley levítica). Jesús le otorga una paz plena que restaura su dignidad.
Jesús le dice que queda sana de tu azote.
La palabra "azote" indica un castigo o sufrimiento profundo. Jesús confirma que su sanidad es completa, física y definitiva
Amadas en este encuentro el "toque" es mutuo o recíproco, porque la mujer busca intencionalmente tocar la gracia materializada en Jesús.
Y nos enseña que el toque de sanidad exige vulnerabilidad y persistencia; es un acto donde la impotencia humana se rinde ante la omnipotencia de Dios, desatando virtud del Salvador.
Hermanas, quisiera resaltar que el propósito fundamental del ministerio terrenal de Jesucristo no fue únicamente sanar cuerpos, sino predicar la verdad y ofrecer la salvación a la humanidad, siendo la sanidad física un signo secundario y un testimonio de su autoridad espiritual.
El propósito central fue predicar, salvar y reconciliar al ser humano con Dios, culminando en el sacrificio de la cruz.
El mismo Jesús declaró que su prioridad era anunciar la llegada del Reino de Dios en los pueblos, en:
Marcos 1:38 afirmo:
Vayamos a los pueblos vecinos, para que también allí predique, pues para eso he venido.
En algunas oportunidades se aparto de multitudes enfermas para continuar con su labor de enseñanza.
Ahora el papel de la sanidad y las curaciones demostraron de forma tangible el amor, la compasión y el poder de Dios obrando a través de él, dejando señales del poder de Dios.
Amadas los milagros y sanidades físicas, funcionaron como un respaldo visible de su autoridad divina para perdonar pecados y revelar al Padre, incluyendo allí la sanidad del alma rota por el pecado.
Las sagradas escrituras nos describen que Jesús se le conocía por su misericordia y en una ocasión después de dar de comer a mucha gente y había llegado a Genesaret los habitantes lo reconocieron y dieron aviso por toda la región.
Jesús tenía un impacto masivo y su ministerio atraía multitudes desesperadas por un milagro físico.
La gente llevó a los enfermos a donde él estaba porque quizás se habian enterado que Jesús había sanado a una mujer al tocar su manto, ya que su fama se había extendido y eso les llevo hacerles un pedido que lo vemos en:
Mateo 14:36
Y le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su manto; y todos los que lo tocaron, quedaron sanos.
En este verso vemos el poder y compasión de Jesús y muestra su autoridad ilimitada para sanar y la respuesta inmediata a la fe y la necesidad de la gente.
En la cultura judía de la época, los flecos del manto de un hombre piadoso, de un Rabí o maestro representaban su autoridad y su sujeción a la ley de Dios. Tocarlo reflejaba una profunda humildad y esperanza, similar a lo que hizo la mujer con flujo de sangre.
A continuación voy a relatar la historia de un ciego que fue etiquetado por su condición física, él fue sanado por Jesús, un hombre en la misma condición espiritual que estábamos tú y yo.
La ciudad de Felipe, Andrés y Pedro, al noreste del mar de Galilea es el escenario en esta ocasión de un nuevo milagro de Jesús, un toque de sanidad.
Betsaida tuvo el privilegio de ver muchas señales por parte del Señor Jesús, cuyos habitantes no quisieron creer en él, teniendo ojos pero no querían ver.
A pesar que había dado de comer ellos no creían en Jesús, no entendía el propósito de sus señales.
La sanidad de este hombre ciego, es otro de los milagros notables de nuestro Señor, que solo el evangelista Marcos lo relata.
Vamos a la historia:
Marcos 8:22
Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.
Si nos damos cuenta el ciego no vino por sí mismo a Jesús.
Este fue traído hacia Jesús.
Tal vez este hombre había escuchado de Jesús, de sus obras, pero no vino por sí mismo, no clamó directamente el ciego Bartimeo, este no dijo nada, no, dio a notar sentimiento alguno de confianza y esperanza en Jesús, simplemente fue traído.
Al parecer no entendía lo que pasaba por estar ciego y menos que el Dios Altísimo estaba frente a él para darle sanidad con un toque.
Ahora ¿Nosotras que ahora vemos, reconocemos el privilegio de estar delante del Señor y experimentar su presencia santa, cuando leemos las sagradas Escrituras?
Gracias a Dios, él puso en la vida de este ciego, personas que le trajeran de la mano, que le ayudaran en el camino para venir a Jesús.
El ciego se dejó guiar por los que lo llevaron a Jesús, no se opuso, aceptó ser llevado, no gritó ni expresó deseo que lo llevaran, pero tampoco se resistió.
Hago una pausa para preguntarte:
¿Tú viniste sola a Jesús, o Dios usó alguien que te guiara y te trajera a sus pies?
Creo que la mayoría hemos tenido que ser traídas de la mano en medio de nuestra ceguera espiritual, sin darnos cuenta ni la claridad a dónde estábamos siendo acercadas.
Alguien se tomó el tiempo para llevarnos a Jesús, atraídas con sus cuerdas de amor.
Gracias a Dios por las personas que nos llevaron a él, para ser sanadas, perdonadas y obtener la redención para nuestra alma por pura gracia.
Este ciego tampoco clamó por si mismo, no pidió nada, aunque quizás haya habido un deseo en su corazón.
Pero Dios puso a alguien para que intercedan por el, y le rogaron a Jesús que tocase al ciego, ellos sabían lo que un toque del Señor podía hacer.
Y nosotras ¿Intercedemos por nuestros amigos o familiares?
En su relato Marcos, escribe que el Señor atendió el requerimiento de los intercesores tal como ellos pidieron, e hizo mucha más de lo que ellos se imaginaron que Jesús haría, que maravilloso, leamos el siguiente verso:
Marcos 8:23
Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.
Vemos aquí que Jesús aparta al ciego del ruido y de la incredulidad de Betsaida, mostrando una relación personal e íntima con él.
Otra razón de porque lo saca fuera de la aldea es porque lo que menos que Jesús quería es ser famoso por sus milagros.
Ahora es él quién guía a este ciego.
Jesús toma su mano, escupe en sus ojos y le impone las manos. En la antigüedad la saliva se consideraba un remedio popular para la vista, pero Jesús la usa como un gesto físico de conexión, no como un ritual mágico.
A diferencia de otros milagros instantáneos, Jesús involucra al hombre en un proceso interactivo para comprobar su estado preguntándole si veía algo.
Amadas qué maravilloso poder sentir su mano y experimentar su tierno amor y misericordia.
Tal vez este hombre estaba acostumbrado a ser llevado de un lado a otro por otras personas, pero ahora, era Jesús el que lo guiaba en su camino.
¡Y quién mejor que él para guiar nuestra vida!
Lo maravilloso es, que Jesús no lo dejó sólo en ningún momento.
¿Te has puesto ha pensar si Jesús camina contigo, qué crees que pasará?,
¿A caso no te dará fe para creer, no te hará entender lo que necesitas comprender, no te mostrará tu condición y tu necesidad de él, no te hará confiar en él, no hará arder tu corazón como lo hizo con aquellos que fueron tristes de camino a Emaús luego de su muerte y no se apercibían que había resucitado?
Volviendo a la historia leamos lo que le responde este hombre a Jesús en:
Marcos 8:24
Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.
A diferencia de otros milagros donde Jesús sana de forma instantánea con una sola palabra o toque, aquí la curación ocurre en dos pasos. Tras el primer toque de Jesús, el hombre recupera parcialmente la vista (ve bultos y movimiento, como árboles que caminan).
Él no le reprendió diciéndole que por su incredulidad no recibió el milagro.
Simplemente tocó nuevamente sus ojos.
No fue usual que el Señor sanara en dos etapas, pero en todo lo que Dios hace manifiesta su gloria, él hace como quiere.
Jesús desea que nuestra fe vaya en aumento hasta llegar a la plenitud total.
Su paciencia y compasión hacia este hombre, le hace actuar en amor. Continúo leyendo:
Marcos 8:25
Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.
Amadas solo otro toque era necesario para ver definitivamente, aunque la obra que Dios empieza es progresiva, él tiene el poder para terminarla.
Entonces el ciego ahora ya no ve a medias, sino que pudo distinguir los que estaban cerca y los que estaban lejos.
Su visión fue totalmente restablecida.
Este verso nos muestra que la comprensión espiritual y el crecimiento en la fe a menudo son un proceso gradual que requiere de la paciencia y el trato continúo de Jesús en la vida del creyente.
Observamos también que Jesús después de cada sanidad que él realizaba daba una orden, miremos lo que le dijo a este hombre:
Marcos 8:26
Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.
Este hombre fue comisionado, Jesús le da instrucciones.
Le da una gran misión. No debe entrar a la aldea ni hablar con nadie, debe ir a casa con los suyos.
Esto nos recuerda la misma comisión dada al endemoniado gadareno.
El hombre sano tenía que empezar dar el mensaje del toque de Jesús, de su sanidad física y espiritual por su casa, su testimonio seria importante para que él pueda ahora llevar a su familia a Jesús.
Quizás no todos van a creer y se van a convertir a Jesús, pero sí serán testigos de la obra del Señor y no tendrán excusa.
Amadas para la iglesia cristiana, la sanidad no es un evento inesperado, sino una promesa legalmente pagada en la cruz del Calvario.
La profecía de Jeremías 33:6 ratificada en el Nuevo Testamento, fundamenta la sanidad en la obra redentora de Jesucristo.
Por lo tanto, orar por un toque de sanidad no es apelar a la suerte, sino apoyarse firmemente en el sacrificio vicario de Jesús, quien asumió nuestro dolor para darnos su paz y salud.
Un toque de sanidad basado en la doctrina bíblica es un recordatorio de que Dios sigue estando presente y accesible en medio de nuestro sufrimiento. No es un amuleto místico, sino una relación viva con el Dios soberano.
Ya sea que ese toque se manifieste de forma instantánea y milagrosa, de manera gradual a través de la ciencia médica, o se perfeccione en la eternidad.
Ahora me dirijo a ti amiga tú que me escuchas ¿Quieres sentir el toque de Jesús en tu corazón al igual que este ex ciego y ser restaurada totalmente?
Te invito ir a él, quizás no te lleve de la mano pero si te animo, él te espera para darte un toque de sanidad, pídele al Señor que abra tus ojos para que veas con claridad, te haga entender su palabra, ver tu condición, y verlo a él restaurándote.
Hermanas termino el mensaje diciéndote que, quizás estés como este hombre mirando a medias, hoy Dios quiere tocarte de nuevo y que su palabra te haga consiente que estas frente al Altísimo Señor para guiarte y que necesitas ver con claridad en muchas áreas de tu vida.
Si ya el Señor te ha permitido esa claridad, entonces cumple tu misión tal como a este ciego que fue restaurado totalmente.
Ve a casa y cumple tu ministerio y predica la palabra de Dios.
Oremos juntas:
Señor y Dios mío, hoy nos acercamos a ti reconociendo que solo en ti se encuentra la verdadera restauración. Dejamos en tus manos nuestra vida, preocupaciones, heridas y cualquier situación que hoy nos cause dolor o incertidumbre.
Nos apropiamos de tu promesa en Jeremías 33:6 y te pedimos que traigas a nuestra vida, a nuestra mente y a nuestro hogar tu sanidad y medicina. Sana lo que esté roto en nuestro corazón, restaura nuestras fuerzas y cura toda dolencia física o emocional. Gracias Padre porque tus promesas son firmes y porque eres nuestro Gran Médico y Consolador. Amén.
Amadas gracias por acompañarme hasta aquí me despido de ustedes, esperando poder volver en otra oportunidad con el mensaje de Dios, un abrazo fuerte.
JESÚS TIENE EL PODER PARA RESTAURAR NUESTRA VISIÓN TOTALMENTE, SOLO CON UN TOQUE DE SANIDAD.
¡Dios con nosotras!
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