LA GLORIA DE DIOS
Salmo 115:1 NTV
No a nosotros, oh Señor, no a nosotros, sino a tu nombre le corresponde toda la gloria, por tu amor inagotable y tu fidelidad.
Vemos aquí que la repetición enfatiza con fuerza que ningún hombre merece el honor, ni la gloria por los logros o bendiciones, redirigiendo cualquier aplauso lejos de uno mismo.
El salmista nos invita a reconocer que Dios es el verdadero autor de toda obra buena y merece el reconocimiento absoluto.
Amadas un saludo fraternal para todas, de nuevo juntas para meditar en algo muy importante: la gloria de Dios, en su creación y en nuestra vida.
Le pido a Dios que este mensaje pueda cumplir el propósito para la cuál es enviada, acompáñame hasta el final.
Las escrituras nos muestra un Dios tan grandioso, tan glorioso que no lo podemos comparar con nada y vamos a conocerlo más meditando en ello.
Al hablar de la gloria del Señor y la gran fama de Su nombre, mi corazón se deleita al reconocer su poderío en todo lo que él hace.
En la Biblia, se usa el término "gloria" para indicar la manifestación de la presencia de Dios.
Y la gloria de Dios denota su importancia, reputación, majestad y honra.
Al intentar dar una definición de la gloria de Dios, digo que es la belleza infinita y la grande perfección de su poder, carácter y atributos descritos por el salmista en:
Salmos 19:1
Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Vemos aquí una poderosa declaración poética sobre cómo el universo entero proclama el carácter glorioso de Dios.
Desde lo grande del universo hasta los pequeños detalles de la vida en la tierra, nos habla del poder, la sabiduría y la belleza de Dios.
Podemos ver la gloria y la majestad del Señor, manifestadas en el amanecer, el atardecer, en el brillo del sol, de la luna y en todo los creado.
Contemplar la creación es reconocer a Dios como el Creador y a vivir en armonía con su grandeza, así mismo buscando una relación más profunda con Él.
Ahora nosotras vemos esa gloria manifestada por medio de la fe, y que no es la misma gloria que se hablaba antiguamente, que como sabemos esa manifestación radiante como resplandor, se manifestaba en el tabernáculo y mas adelante en el templo de Salomón. Era señal de su presencia conocida como la shekinah.
La shekinah es una palabra hebrea que significa 'morar o hacer presencia' y se refiere a la presencia misma de Dios.
A esta manifestación no se estaba permitido verla por ningún hombre, nadie podía ver a Dios en su estado glorificado, aunque Moisés intento hacerlo y le pidió al Señor verlo en su más esplendorosa gloria, leamos:
Éxodo 33:18
Él entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.
El señor le respondió: En el versículo 20
No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.
A Moisés en ese momento no le fue concedida su petición.
Pasado el tiempo Dios quizo manifestarse a su pueblo en un templo, leamos como lo hizo en:
2 Crónicas 5:14
Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios.
Esa nube (la shekinah) que describe el autor de este libro, representa la presencia física y gloriosa de Dios, similar a la nube del desierto que cubría el tabernáculo y ahora se manifestaba en el templo que construyó Salomón, indicando que Dios ha hecho de ese templo su morada, su presencia real, divina, gloriosa y fiel.
En el Antiguo Testamento, el Templo de Jerusalén era el lugar donde el pueblo de Dios podía encontrar su gloria por fe representada en una nube.
En el Nuevo Testamento, leemos acerca de un nuevo templo donde habita la gloria de Dios.
Su presencia se encuentra en una persona ya no en un templo hecho de manos.
En Jesucristo se revela la manifestación suprema de la gloria de Dios.
Por otro lado aunque, la Biblia no trata de proporcionar pruebas científicas de la existencia de Dios y su gloria, sí apunta a las evidencias de los testigos oculares.
Si, amadas hay pruebas muy sólidas sobre la gloria de Dios, y es su misma sustancia a través de Jesús, leamos lo que dice las escrituras:
Juan 1:14
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
Las sagradas Escrituras nos muestra cuatro evangelios escrito por los mismos que un día fueron esos testigos oculares de la grandeza y poderosa gloria de Dios, ellos vieron al verbo hecho carne.
Amadas, hace más de dos mil años hubo una manifestación de esa gloria a hombres.
Que privilegio para ellos, poder ser testigos fiables de primera mano.
Pedro, Santiago y Juan pudieron ver un destello de la gloria de Dios cuando Jesús fue transfigurado delante de ellos.
Ahora quiero centrarme en un testigo, en un hombre común que vio la gloria de Dios en Jesús.
Y se trata de Pedro.
El era un discípulo franco y ferviente, uno de los amigos más cercanos de Jesús.
Tenía muchas fortalezas y también varias debilidades en su vida.
Aun así, el Señor que lo escogió continuó moldeándolo exactamente en lo que él quería que Pedro fuera.
Aun como apóstol Pedro, experimentó algunos quebrantos mientras maduraba.
Por la gracia de Dios se le fue revelado a él la deidad de Jesús era una transfiguración.
Hermanas no es coincidencia que la transfiguración sucediera justo después de que Jesús hubiera preguntado a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que Soy Yo?.
Y Pedro fue el primero que declaró su grandeza revelando la naturaleza divina de Jesús como Hijo de Dios y lo vemos en:
Mateo 16:16
Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Pedro reconoce que Jesús no es solo un maestro o profeta, sino Dios mismo hecho hombre y el Salvador del mundo. Dios se lo reveló.
Pasado el tiempo Pedro ya como un hombre experimentando y abundante en fe escribe dos cartas, dónde en cada una de ellas reconoce la gloria y grandeza de Dios, él da testimonio para que quede registrado en las Escrituras, leo
2 Pedro 1:16
Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.
Ahora leamos lo que Lucas escribe sobre la transfiguración de Jesús:
El narra que Jesús fue con Pedro y sus discípulos a orar cómo acostumbraba y sucedió algo asombroso, leamos:
Lucas 9:29
Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.
Lucas dice que la apariencia de su rostro cambió, lo que indica un cambio interno y externo, revelando su naturaleza gloriosa, no solo humana.
Sus ropas se volvieron brillantes, como resplandece el sol, simbolizando la santidad y la luz de Dios.
Ahora la palabra usada para «transfigurado» es la misma que el apóstol Pablo lo traduce como «transformado» cuando escribe en:
2 Corintios 3:18 NTV
Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen.
Amén, gloria a Dios!
Entonces cómo vemos a Pedro se le permitió ver la gloria de Dios cuando Jesús se transfiguro.
Mientras que a Moisés no se le permitió cuando él lo pidió.
Los estudiosos dicen que en la transfiguración de Jesús, Moisés pudo ver a Dios mismo en la persona de Jesucristo, cuando Dios se lo permitió y no cuando Moisés le pidió.
Pedro al ir siendo transformado, testifica en una de sus cartas, lo siguiente:
2 Pedro 1:17-18
Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.
Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.
Pedro después de esa hermosa experiencia pide que confíemos en lo que revelaron los profetas y prestar atención en lo que ellos escribieron, ya que las Sagradas Escrituras también muestran la gloria de Dios por el poder que tiene para cambiar vidas.
Los antepasados pudieron ver un destello de la gloria de Dios cuando entraban en el templo. Los discípulos vieron un destello de la gloria de Dios cuando Jesús fue transfigurado delante de ellos. Cuando nos reunimos con el pueblo de Dios, también deberíamos ver un destello de la gloria de Dios.
Amadas no quiero dejar de mencionar a Juan, el mismo que después de ser testigo de la transfiguración de Jesús y haber escrito que la gloria de Dios hábito entre nosotras y que vino a ser el Salvador del mundo, este hombre de Dios, vio en una visión a Jesús en su gloria y esplendor que lo relata en su libro de Apocalipsis en:
Apocalipsis 4:1-3
Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda.
Juan ve a Jesús en su trono, descrito no con forma humana, sino con el esplendor de piedras preciosas (jaspe y cornalina) que representan su gloria y su pureza, rodeado por un arcoíris brillante que representa la gracia.
Hermamas ahora que hemos conocido más de la gloria manifestándose en el desierto, en el templo, en la creación, y en la persona de Jesucristo, como hijas del Dios Santo y Perfecto, como la iglesia que él redimió, nos toca mostrar su gloria a través de nuestra vida, y reflejar sus atributos.
Se que no será fácil, pero tenemos que menguar y dejar que se vea la gloria de Dios y a Jesús en nosotras.
Recordemos que esa era la lucha de los discípulos.
Ellos tenían una batalla con su naturaleza pecaminosa para reflejar su gloria y agradar a Jesús obedeciendo lo que tenían que hacer.
Y es la lucha que también caracteriza a todo verdadero creyente que desea crucificar la carne, el yo, para hacer la voluntad de Dios, como dice en:
Colosenses 3:5
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría
Los discípulos caminaban con Jesús y ellos tenían que ser transformados.
Hermana amada, Dios nos creó para proclamar su gloria, y nos deleitemos en Su Hijo.
Él planeo nuestra redención y por lo tanto él nos ha comprado para mostrar su gloria, su carácter.
Él nunca nos dejará, él nos limpiará y perdonará todo pecado a medida que le demos todo el control de nuestra vida.
Él ha garantizado nuestra santificación para así poder llegar al estándar máximo y reflejar su carácter, su persona a través de nuestra vida, con la ayuda del Espíritu Santo.
Romanos 8:29
Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
Esta obra maravillosa de amor nos lleva a vivir para él, que significa hacer todas las cosas, grandes o pequeñas (comer, beber, trabajar), para honrarlo a él, reconociendo que todo proviene de él y es para él, como enseña
1 Corintios 10:31:
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
Ahora, en nuestra vida cotidiana: ¿lo que hacemos honra a Dios?
Hermanas tenemos un llamado de parte de Dios y es que debemos vivir de manera que no seamos tropiezo para otros, sino que sirvamos como Jesús sirvió a sus discípulos, para que los que nos rodean vean la gloria de Dios.
Y cuando vayamos a adorar a Dios, reconozcamos Su grandeza y majestad en la congregación, allí en medio de testigos, démosle la alabanza que solo a Él pertenece, como dice en:
Salmos 26:12
Mi pie ha estado en rectitud; En las congregaciones bendeciré a Jehová.
Ahora bien, hay una sorprendente realidad: es que la gloria de Dios también habita en toda persona que han creido verdaderamente en Jesús, y ser el templo de Dios y que su Espíritu viva en él, convirtiéndose en la iglesia.
Pablo describe a la iglesia como un organismo vivo y unido en crecimiento, diseñado para ser el lugar santo de la presencia de Dios en la tierra.
Efesios 2:21-22
En quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.
La Iglesia ya no es un edificio físico, sino un templo espiritual dedicado al Señor, cómo su morada, siento el propósito final: que él habite en medio de la congregación a través de su Espíritu y su gloria sea manifestada.
Ahora, quisiera leer lo que dijo Nancy Leigh Demoss:
"Cualquier belleza que tenemos es belleza reflejada, cualquier luz que tenemos es luz reflejada. Así como la luna no posee luz propia pero refleja la luz del sol; de esa misma manera, nosotras no tenemos luz propia, sino que tenemos el reflejo de la luz de nuestro Señor Jesucristo.
Su gloria es esa Luz que irradia en nuestra vida"
Amadas queda claro entonces que la gloria y majestad de Dios hábito entre los antiguos y ahora lo vemos, a través de Su Hijo habitando en nosotras.
Un día toda la tierra estará llena de su gloria, todos lo verán, y los ojos espirituales de los que no lo vieron, se abrirán y toda la gente en la tierra reconocerá la presencia y el poder de Dios, la fe será vista.
Finalizo este mensaje con una petición, que Dios nos ayude a que su gloria sea vista en nosotras y que estemos atentas a la manifestación de su gloria, en la creación, en la congregación y alabarlo por ello, que Dios lo logre en nosotras, y un día allá cuando estemos en casa, veamos palpable su gloria y le adoraremos por siempre a si como lo describe Juan en las escrituras, resaltando su triunfo de a través de la cruz, convirtiéndolo en el centro de la adoración celestial y universal, descrito en:
Apocalipsis 5:11-13
Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.
Amén!
Amadas me despido de ustedes con un fuerte abrazo y si Dios quiere será hasta la próxima semana.
PROCLAMEMOS LA GLORIA DE NUESTRO SEÑOR Y QUE SEA NOTORIA EN NUESTRA VIDA, ÉL ES DIGNO DE SER ENGRANDECIDO Y RECONOCIDO POR SU IGLESIA.
¡Dios con nosotras!
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