Ana: Una Madre Extraordinaria

Salmo 142:1-2
Con mi voz clamaré a Jehová; con mi voz pediré a Jehová misericordia. Delante de él expondré mi queja; delante de él manifestaré mi angustia.

En el salmo vemos a David que no solo ora en silencio; sino que él clama para expresar su voz  buscando ser oído ante un momento de desesperación absoluta.

Cuando las circunstancias son abrumadoras y no hay ayuda humana, debemos acudir a la oración sincera como David, exponiendo nuestra angustia ante Dios, presentar el dolor, los miedos y las frustraciones sin reservas a quien nos escucha y conoce nuestra situación y esperar la respuesta. 

Amadas las saludo cordialmente dando gracias a Dios por una nueva oportunidad que me da de poder, traerles su mensaje, espero puedas acompañarme hasta el final para ser edificada y animada en tu fe.

Hoy en las Escrituras vamos a ver la historia de una mujer que así como David, clamo a Dios en medio de su angustia derramando su alma ante él, donde recibió calma, gozo y una respuesta. 
Se trata de la historia de Ana y su hijo Samuel y se encuentra en 1 Samuel, del Antiguo Testamento, ella fue una madre extraordinaria.

Ana era una mujer de la tribu de Efraín, casada con Elcana. La Biblia nos dice que Ana era estéril, lo que en su tiempo era una gran carga emocional y social, era vergonzoso no tener hijos, las mujeres eran humilladas.

Elcana además de Ana estaba casado con Penina. Ella tenía hijos y solía provocar a Ana por su infertilidad.

Cuando cada año subían al templo a adorar y ofrecer sacrificio, siempre Elcana le daba una porción especial de alimentos a Ana porque era la esposa que él amaba, aunque no le de hijos.

Penina la otra esposa de Elcana siempre molestaba a Ana y la hacía sentir mal porque el Señor no le permitía tener hijos.
Es casi inevitable que a veces en nuestras vidas sintamos el alma llena de amargura por alguna angustia o humillación.
Ana lloraba y dejó de comer por su afrenta y tribulación, donde su marido le dice en:
1 Samuel 1:8 lo siguiente:
Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

Elcana intenta consolar a su esposa Ana, quien sufría profundamente por su esterilidad y el acoso de Penina, intentando hacer sentir a Ana amada y segura a pesar de no ser madre.
Ana estaba angustiada y no comía, reflejando la vergüenza y el dolor que la esterilidad implicaba en esa cultura.

Hermanas cómo esposas anhelamos el fruto del amor y tener hijos, si bien es cierto que los esposos llenan nuestros vacíos, pero no se compara con la alegría de un hijo, somos bienaventuradas al llenar la casa de ellos y felices por tal herencia.
Salmos 127:3
He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.

La respuesta de Elcana, aunque tierna, muestra que él no entendía la necesidad de Ana de un hijo, su amor no era suficiente, lo que lleva a Ana a buscar consuelo únicamente en Dios. 
Ana no era comprendida por su marido.

En su angustia, ella se dirigió al Señor en oración. Fue al templo en Silo y, con un corazón quebrantado, hizo un voto al Señor:
1 Samuel 1:10-11 
Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.

En estos versos se describe el momento intenso en que Ana, con profunda angustia, ora en silencio en el tabernáculo pidiendo un hijo. 
Este acto de fe es fundamental en la historia de Ana. Ella no solo pedía un hijo, sino que estaba dispuesta a entregarlo al servicio de Dios.

No hay nada más liberador que derramar nuestra alma ante el Señor y decirle cuáles son nuestros problemas, en lugar de cargarlos y así con el alma quebrantada exponer nuestros anhelos, deseos o quizás quejas, pedirle la solución, recibir su paz y quedar a la espera expectantes de la respuesta.

Amadas nunca permitamos que el rencor invada nuestro corazón; más bien como Ana, debemos exponerlo ante el Señor.

En la acción de Ana vemos una imagen hermosa de una oración sincera desde la profundidad del alma. 

Ella no está pronunciando palabras en voz alta, sino "hablando en su corazón" debido a la inmensa amargura de su alma. Esto indica una comunión íntima y personal con Dios, en lugar de un ritual público.
Como Ana estuvo orando largo rato ante el Señor, el sacerdote Elí se fijó en ella leamos:
1 Samuel 1:12-13
Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria.

Ana oraba intensamente con el espíritu abatido y labios temblorosos, estaba profundamente angustiada, Elí, siendo sacerdote, observa sus labios moverse pero no escucha sonido. Elí asume erróneamente que Ana está borracha, pero no fue así ella era solo una mujer atribulada que fue a desahogarse delante del Señor.
Ahora:
¿Hemos pasado tiempo así orando debido a nuestra angustia o aflicción? 
La oración angustiada de Ana, fue incomprendida por Elí, pero Dios escucharía y respondería.

Ahora leamos lo que él sacerdote le dice a Ana:
1 Samuel 1:14-15 
Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino. Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.
Elí la acusa falsamente de estar ebria, pero Ana explica con humildad que está derramando su alma ante Dios debido a su gran angustia y aflicción, mostrando su intensa fe y desesperación.

Ella defiende su carácter piadoso, aclara que no ha bebido vino, y responde en:
1 Samuel 1:16 lo siguiente:
No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.

Este versículo nos enseña cómo el dolor humano puede ser malinterpretado incluso por líderes religiosos, pero Dios ve el corazón y no la apariencia externa. 
La respuesta de Ana muestra madurez y persistencia en la oración, lo que lleva a Elí a cambiar su juicio y bendecirla al escuchar la explicación de Ana, leamos el 
1 Samuel 1:17
Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.

Esta bendición sacerdotal valida la oración sincera de Ana y le brinda consuelo y esperanza que marca un cambio radical en la historia de Ana, pasando del profundo desánimo a la fe, confiando en que Dios se acordaría de ella y ya no estaría triste.

El alivio de la angustia de Ana llega mucho antes de que realmente vea la respuesta a su oración, porque al marcharse, su rostro ya no estaba abatido, se fue a comer, desde ese momento su semblante cambió.
1 Samuel 1:18
Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.
¡Qué maravilloso saber que Dios fortalece en medio de la oración!
Al comer y no estar más triste, Ana demuestra haber entregado su carga a Dios, confiando en que él actuaría, incluso antes de concebir físicamente.

En lo más profundo de su ser Ana sabía que Dios había escuchado su oración y, de hecho, el Señor se acordó de ella y lo vemos en:
1 Samuel 1:19
Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella.
Que satisfactorio es cuando Dios oye y responde nuestras oraciones a favor de nosotras.
Sabes Dios siempre responde, a veces con un si o a veces con un no, porque sus respuestas son según sus propósitos y a su debido tiempo.

Amadas, Dios actuó en favor de Ana y respondió a su oración y lo vemos en:
1 Samuel 1:20 
Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová.

Aquí vemos, el cumplimiento de la oración de Ana, quien tras años de esterilidad y profunda tristeza, concibe y da a luz a un hijo, Samuel, cuyo nombre significa "pedido a Dios". 
Vemos además la respuesta de Dios a la fe persistente de Ana y el comienzo del fin de su deshonra. 

Al año siguiente, fue solo Elcana a presentar ofrenda porque Ana no deseo ir hasta que Samuel pueda comer solo y ella misma lo llevaría y lo entregará a Dios. Y así fue, llego el momento, Ana después de destetar a Samuel su hijo fue al templo a cumplir con sus votos, ella fue a dejar la mitad de su vida, por quién tanto oro, y lo vemos en:
1 Samuel 1:26‭-‬28 
Y ella dijo: ¡Oh, señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová.

Ana se dirige a Elí y le recuerda que ella es la mujer que oraba con angustia tiempo atrás.
Y va a cumplir su voto demostrando obediencia y gratitud, devolviéndole a Dios lo que Él le dio y lo adoro reconociendo Su soberanía. 

Ana tuvo que renunciar a su hijo. 
Samuel fue a vivir con un sacerdote mayor y sus dos hijos malvados.

Ana no dudo al dejar a su hijo para el servicio de Dios, quizás en su corazón ella guardaba promesas que Dios le dio, luego agradece y ofrece un cantico a su Señor con alabanza por la oración contestada, y lo puedes leer en 1 Samuel 2:1-10 
Cuando puedas te invito a leerlo.

El Cántico de Ana es una oración de júbilo y gratitud pronunciada tras dedicar a su hijo Samuel al servicio de Dios. 
Ella exalta la santidad, poder y soberanía de Dios y declara cómo él invierte situaciones quien, exalta a los humildes, derriba a los poderosos, y provee refugio a los fieles.

Muchos comparan este cantico con el Magníficat de María, por su enfoque en la salvación de los vulnerables.
El cántico celebra la fidelidad de Dios tras haber transformado la esterilidad de Ana en fertilidad.

Y eso es lo sorprendente del cantico de Ana, que la fuente suprema de su gozo no estaba en su hijo, sino en el Señor, que él es, la fuente de la satisfacción de su alma y su refugio como lo dice en su canto en:
1 Samuel 2:2
No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro.

Vemos que hay gratitud en Ana por la intervención de Dios en su esterilidad, y reconoce su soberanía total en su vida y su destino. 
Pero en realidad, lo que Ana no sabía es que su obediencia iba a ser premiada aún más, Dios hizo más que responder su oración. No solo le dio el niño que anhelaba, sino que dio a luz un total de seis hijos y lo vemos en:
1 Samuel 2:21
Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.

Hermanas Dios es fiel a sus promesas, premia la obediencia y mantiene su obra a través de personas consagradas, incluso en tiempos de decadencia espiritual. Samuel va creciendo espiritualmente y se va consagrando aún en un entorno religioso corrompido. 
Mientras los hijos de Elí deshonran el sacerdocio, Samuel es bendecido y crece en la presencia de Dios, ganándose el aprecio del Señor y de la gente  por la oración que había hecho Ana. Leamos el 
1 Samuel 2:26
Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres.
¡Que maravilloso ver la fidelidad de Dios en Ana!
Recordemos que en ese tiempo había corrupción, el sacerdote Eli honraba más a sus hijos que a Dios que actuaban con impiedad.
Y Dios lo dará por finalizado para dar comienzo de un nuevo liderazgo fiel, preparando el camino para el ministerio de Samuel como profeta y lo vemos en:
1 Samuel 2:35 
Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días.
Amadas el fruto del amor de Ana, su hijo Samuel, más adelante sería un siervo de Dios que se convirtió en el primer profeta y actuó como el último juez de Israel durante toda su vida, fue usado por Dios para lograr quitar todos los dioses extranjeros, restaurando la adoración al Señor 

¿Qué aprendemos de Ana?
Aprendemos la importancia de una fe inquebrantable y la oración ferviente en tiempos de dolor y adversidad. 

Su historia enseña a confiar en Dios, perseverar en la petición, cumplir las promesas hechas al Señor y mantener un corazón agradecido y entregado, incluso ante situaciones desesperadas. 

Ahora cuando estemos con cargas, tristezas y frustraciones debemos llevarlo directamente a Dios derramando el corazón ante él con total honestidad, como Ana.

A pesar de que el mundo se burle a causa de nuestra situación de dolor, angustia debemos mantener la confianza sin rendirnos.

Nuestro temple y carácter debe estar fuerte en Dios, para actuar con dignidad, resiliencia y mansedumbre ante la incomprensión, demostrado un espíritu piadoso.

Amadas Dios cumple las promesas dadas a su tiempo y conforme a su voluntad, mientras la respuesta llega debemos adorar y ser agradecidas con canticos espirituales y salmos.
Y finalmente la historia de Ana demuestra que Dios puede utilizar el dolor humano para cumplir propósitos mayores y que entregar lo que más valoramos al Señor resulta en bendiciones multiplicadas. 

La historia de Ana nos ayuda a comprender que la oración de una madre es oída por Dios, continuar orando por nuestros hijos y sus propósitos y si aun no están en los caminos de Dios, orar para que vengan al camino y así nos puedan acompañar en nuestro viaje hacia la eternidad con él, y si en algún momento debemos renunciar a ellos, debemos tener la fe que Ana tenía, perseverando en todo momento, dejando el dolor a los pies del Señor esperando su respuesta final.
No desfallezcamos derramemos nuestro corazón delante de Dios, recordemos que él está en control de sus vidas y él cumplirá el propósito en cada uno de ellos.
Imitemos la fe de Ana y Dios responderá como dice en:
Salmo 18:6 
En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.
Amen!
Amadas espero que está historia haya sido de bendición para sus vidas y puedas compartir el mensaje con otras que lo necesitan, me despido con un hasta pronto, un abrazo.

AL DERRAMAR NUESTRA ALMA A DIOS, LE MOSTRAMOS NUESTRA CONFIANZA, SIENTIENDO SEGURIDAD DE RECIBIR UNA EXTRAORDINARIA  RESPUESTA.

¡Dios con nosotras!

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