Un Camino Doloroso

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Isaías 53:3 
Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.

El contexto de este pasaje es el "Canto del Siervo Sufriente", donde enfatiza cómo Jesús llevó el dolor por el pecado de la humanidad. 

Isaías aquí describe proféticamente a Jesús como alguien despreciado, rechazado y familiarizado con el dolor, sin atractivo físico. 
Destacando su humanidad sufriente, siendo menospreciado por la gente y cargando con quebrantos ajenos, enfocándose en su sacrificio vicario a pesar del rechazo social. 

Amadas ¿Cómo están?, las saludo con el amor de nuestro Señor Jesucristo, estoy feliz de poder estar de vuelta en un programa mas, para continuar con el mensaje de salvación, de redención de nuestro Señor, el plan de Dios que trae esperanza para el pecador entre ellos tu y yo.

Hoy voy a recordarles los momentos de dolor que atravesó nuestro Señor a favor de nosotras, profetizado antiguamente como lo hemos leído en Isaías 53:3, indicando que Jesús no fue aceptado ni valorado por la mayoría, siendo marginado y abandonado en su dolor que no fue accidental sino una parte central de su vida y ministerio.

La gente que lo vio en su máxima expresión de dolor no lo estimaron, ni reconocieron su verdadera identidad y valor. 

Ahora las invito a ir a ver los versos donde la profecía mesiánica resalta que el siervo de Dios sufre voluntariamente para salvar a otros. Leo los versos:
Isaías 53:4-5 
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Nuestro Amado Señor asumió las consecuencias físicas y emocionales del pecado en su cuerpo humano, no por tener faltas, sino por las nuestras.

Amadas las heridas de la crucifixión no fueron un accidente, sino el castigo necesario por la desobediencia y la maldad del hombre. 
Su sufrimiento pagó el precio para reconciliarnos con Dios, trayendo paz interior y espiritual. 
Su sacrificio ofrece sanidad integral, que abarca la sanidad espiritual, física y emocional, para quienes creen.
Jesús transformó su dolor en nuestra redención y restauración. 

Ahora vayamos juntas al nuevo testamento donde veremos la realización de lo que profetizó Isaías, y su obra redentora como una muestra superior de amor y de sacrificio aquí en la tierra.

Hermanas nadie ha tenido jamás un ministerio tan poderoso como el de Jesús. Nadie ha tenido la mayor disponibilidad de tiempo y energía como él, como respuesta de obediencia a su Padre.

Todos querían su auxilio. Cuando pidieron la ayuda a Jesús para sanar diversas enfermedades, él lo hacía. Impuso sus manos sobre todos los que eran llevados ante él y los sanaba. Predicó continuamente el evangelio, Sanó a los leprosos. Las multitudes iban en aumento.

¿Cómo podía hacerlo? ¿Cuál era su secreto? ¿Cuál era la fuente de su poder? 
Ahora lo vamos a descubrir, leamos:
Lucas 5:15-16
Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.

Aquie esta la clave, Jesús no oraba solo de vez en cuando; el pasaje indica que era una costumbre recurrente, era un hábito constante.
Ante el aumento de su fama y la multitud, él priorizaba la oración sobre todo y buscaba espacios tranquilos para evitar distracciones y concentrarse en su comunión con Dios.
Es un ejemplo de vida para todas, mostrando que, si Jesús necesitaba apartarse para orar, nosotras también necesitamos encontrar esos momentos de silencio. 

Nunca podremos sobrellevar las exigencias de la vida en el reino de Dios y en el servicio a menos que recarguemos nuestras energías por medio de la oración profunda con Dios. 

Ahora vamos al momento culmen del ministerio de Jesús que marcó el momento decisivo de su obra de amor y el fin de su misión pública 

En encuentro en Juan 12 marca la transición de su ministerio público a la culminación de su obra redentora en la Pascua, indicando que su tiempo terrenal estaba concluyendo, fue cuando en una ocasión los griegos quisieron verlo, y él interpretó esto como la señal de que su mensaje ya no era solo para Israel, sino que debía extenderse a todo el mundo. Esto marcaba la "hora" de su muerte y resurrección, necesarias para salvar a la humanidad.
Los griegos representan a los gentiles o a toda la humanidad no judía. Su interés indicaba que el ministerio de Jesús había superado las fronteras de Israel y el tiempo de la redención mundial había llegado, ilustrándo una metáfora, leamos:
Juan 12:23-24
Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.

Jesús anuncia su muerte y resurrección como el momento de su máxima glorificación, no un fracaso, sino más bien una pasión.
Él usa la metáfora del grano de trigo que debe morir para dar fruto, enseñando que la entrega sacrificada de su vida es necesaria para producir una abundante cosecha de salvación y nueva vida, convirtiendo la cruz en el camino a la resurrección. 
Si Jesús no muriera, permanecería solo; su muerte física es necesaria para dar vida a muchos, dando frutos de fe y salvación.

Y para poder realizar esta misión, tendría que recurrir a la ayuda de su Padre mediante la oración, porque ese momento de nuestro amado Señor fue muy agonizante.

La postura que adoptó Jesús para orar, expresaba su total sumisión a la voluntad de Dios, las escrituras nos muestran que las oraciones de Jesús estuvieron acompañadas de clamor y lágrimas, estás no son como las nuestras de frustración o infantil, porque no logramos hacer lo que nos place. Pero por el contrario en él había un corazón rendido y sumiso a Dios.

Fue el momento donde la voluntad de Dios Padre empezaba a ejecutarse, Jesús estaba a punto de ir por el camino doloroso, y el evangelista Mateo nos lo deja ver, leamos:
Mateo 26:38
Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.
Según como lo relata Mateo nuestro Señor primeramente buscó un lugar estratégico para ese momento donde daba inicio al plan redentor de Dios para con la humanidad.
Jesús salió de la ciudad y fue a un olivar cercano que era conocido como "Getsemaní", que significa "prensa de olivas"
Les cuento que la prensa servía para aplastar las aceitunas y sacar el deseado aceite que servía para usos importantes.
No es casualidad que Jesús vaya a ese lugar donde la aceituna sufría un proceso muy duro, para sacar algo de mucho valor.
Más adelante en la cruz va pasar de primera mano ese proceso en su cuerpo, Él fue aplastado allí por el Padre a causa de nuestro pecado, 

Amadas su dolor dio como resultado algo valioso para la humanidad: La Redención de nuestras almas y por ende la salvación eterna.

El lugar que escogió Jesús para esa oración agonizante ya lo había visitado antes, donde se apartaba con Su padre para orar y para enseñar a sus discípulos, dónde tenían largas y hermosas charlas con ellos.

En Getsemaní el lugar donde estaba Jesús, estaba librando la batalla definitiva contra el pecado, pero por alguna razón, esta batalla se nos presenta en dos actos: 
Getsemaní y Gólgota. 
Esto nos lleva a preguntarnos ¿Por qué fue necesario pasar por Getsemaní? 
¿No se podía haber evitado un episodio tan doloroso de su vida? ¡No! 
Todo estaba sucediendo como Dios lo planeó, esté fue el lugar donde Jesús tomo la decisión de pasar el trago más amargo e ir a la cruz .

Y como relata Mateo vemos que Jesús no ocultó su dolor, él muestra una angustia emocional y física extrema, casi insoportable, demostrando que aceptó su humanidad por completo.
Al pedirle a Pedro, Jacobo y Juan que se queden despiertos con él, busca compañía y oración en su hora más oscura, aunque sus discípulos no puedieron mantenerse despiertos, es lo que resalta la soledad de Jesús en su agonía. 

Jesús cómo hombre por un momento sintió angustia en su corazon y pidió al Padre: "aparta de mí esta copa"
Hermana quizás en algún momento te preguntaste: 
¿Qué le pasó a Jesús?
¿Tuvo miedo ir a la cruz?
¿Acaso dudó que el Padre estaría con él?

Son preguntas que no encontramos respuesta en la Biblia, pero sí podemos decir que quizás, Jesús al hacer hacer este pedido de apartar la copa, preguntaba si había otra base justa sobre la cual Dios podría salvar a los pecadores sin que él tuviera que ir a la cruz. 
Y la verdad es que NO, era necesario ir a Gólgota después de un tiempo en Getsemaní.

En ese tiempo de oración y angustia de Jesús vemos todo el drama de nuestra redención, y el silencio del cielo, y el Padre indicó que no había otro modo; Su Santo Hijo, debía morir por los pecadores. 
Jesús expreso totalmente su conducta Santa, siendo obediente por lo cual él, no vio otra respuesta que dar, solo decir:
HÁGASE TU VOLUNTAD"

Ahora voy al evangelio de Lucas y ver cómo el evangelista narra este suceso doloroso.
Jesús ya estaba en el lugar correcto, él tenía su alma triste, era cien por ciento hombre y era necesario fortalecer su espíritu.
En este tiempo de oración, él tuvo una intensa perturbación emocional acompañado de un extremo dolor y angustia, Lucas nos dice así:
Lucas 22:44
Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.
¿Qué era lo que producía este estado en Jesús?
Algunos estudiosos han pensado que esta angustia era la reacción natural que todos sentimos ante la proximidad de la muerte. 
Pero en Jesús, había mucho más que eso ya que Jesús es la vida.

Él se estaba enfrentando con todo, al poder destructivo del mal, Jesús tenía que presentarse como el Cordero de Dios que muere por el pecado tuyo y mío como lo dijo el apóstol Juan.

Entonces estamos presenciando aquí el choque frontal entre la Luz y las tinieblas, entre la vida y la muerte.
Amadas les recuerdo que Jesús nunca pecó, su alma es Santa e inocente, pero iba a asumir el hecho de cargar la maldad de la humanidad, y él apóstol Pablo lo dejó escrito en:
2 Corintios 5:21
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Jesús estuvo dispuesto a estar lejos de Dios en ese momento para que nosotras no tuviéramos que perecer.

Hermanas el mayor deleite de la vida de Jesús era la comunión con su Padre celestial, pero por causa de cargar con nuestro pecado él mismo tuvo que sufrir la angustia y la aflicción al ser abandonado.

Otro punto de análisis de este tiempo doloroso de Jesús, es que sabía que era necesario 
"ORAR Y VELAR"

Por lo tanto, hizo un llamamiento a sus discípulos para que velaran. Esta no era la primera vez que les exhortaba a esto, puesto que cuando les había anunciado su segunda venida, ya les había dicho que permanecieran en esa actitud.
Ahora vuelve a hacerlo, aunque con mayor urgencia debido a los acontecimientos que inmediatamente iban a ocurrir.

Amadas como frágiles que somos y teniendo la necesidad de un Salvador, nosotras debemos recibir está exhortación urgente a orar.

Muchas veces nosotras hemos sufrido por las consecuencia de nuestros pecados, por la falta de comunión con él y sabemos por experiencia que es doloroso, pero ¿Qué seria para el Señor sufrir por todos los pecados del hombre?.
No cabe duda que nunca nadie ha experimentado un dolor y amargura semejante, en esos momentos su Santa humanidad fue oprimida y agobiada hasta lo sumo.

Con oración y fortaleza Jesús se preparaba para el peso de los pecados del mundo y su separación momentánea del Padre.

Era la "hora" cuando Jesús, el Hombre representativo había de presentarse ante la justicia divina para satisfacer sus exigencias por medio del sacrificio de sí mismo en ofrenda por el pecado. 
Lo que Jesús iba hacer, tendría un sabor amargo, tenía el sabor de la muerte, leamos:
Mateo 27:27-31
Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.

Estos versos describe la brutal burla y tortura física que Jesús sufrió a manos de los soldados romanos tras ser condenado por Pilato. 
Los soldados desnudaron a Jesús, le pusieron un manto y una corona de espinas, ridiculizándolo como "Rey de los judíos" mientras le golpeaban y escupían, demostrando la humillación extrema que aceptó por amor y redención. 
Pero además está escena es una muestra directa del "amor insondable" y soberano de Jesucristo, quien soportó el desprecio para salvar a la humanidad, convirtiéndose en el verdadero Rey a través de su humillación.

Realmente vemos el contraste entre la verdadera majestad de Jesús y la ceguera de sus injuriadores.
Hermanas en última instancia esa injusticia sirvió para cumplir el plan divino de salvación, donde el justo pagó por los pecadores. 

Jesús aceptó este maltrato en silencio, cumpliendo su papel de Siervo Sufriente como lo hemos visto en Isaías 53.

Otro momento de dolor que padeció nuestro Señor fue cuando estando en la cruz, la relación con su Padre sería interrumpida, Jesús fue abandonado por Dios momentáneamente y que de alguna manera parece inexplicable para nosotras, leamos:
 Mateo 27:45-46 
Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Aquí Mateo nos da a conocer otro momento de sufrimiento, cuando Jesús, toma el pecado de la humanidad y experimenta la separación de Dios.

Como Jesús cargaba con el pecado, la comunión perfecta con el Padre fue interrumpida, sufriendo un desamparo real aunque fuera por un momento.

En ese grito de angustia Jesús cita el inicio del Salmo 22, un salmo mesiánico que profetiza los sufrimientos de su crucifixión, incluyendo el desprecio de la gente y la división de sus vestiduras.
Hermanas, Jesús experimenta el dolor máximo de la soledad y la angustia humana, convirtiéndose en el puente entre Dios y los hombres.
La oscuridad que cubrió la tierra y este clamor indican la gravedad del pecado, que separa de la presencia de Dios. 

Ese momento de abandono de Dios, es crucial porque muestra que Jesús llevó la carga completa del pecado, permitiendo que la humanidad no sea desamparada por Dios jamás. 

Más tarde veremos el momento culminante de la agonía que Jesús sufrió en la cruz y finalmente después de tanto padeciendo se oye una voz que lo describe Juan el apóstol y lo vemos en:
Juan 19:30
Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.

Con esa frase final, Jesús confirma que la obra de salvación está terminada.
Jesús no muere forzado; él tiene el control, inclina la cabeza y entrega su espíritu voluntariamente, demostrando su soberanía hasta el último instante tras cumplir el plan divino exitosamente.

Por fin podría descansar y sentarse el lado de su Padre y esperar el fruto de su aflicción que somos tu y yo. Leamos:
Hebreos 1:3 (b)
...Habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.

Amadas todo se ha cumplido, Jesús cargó sobre sí mismo la ira de Dios en la cruz por ti y por mi.
Él Padre nos amo tanto que envió a su único hijo para que no sucumbiéramos a su juicio final, sino que recibamos todas las bendiciones de la vida eterna.
Ahora después de conocer estos días de intenso dolor de nuestro Amado Señor me pregunto:
¿Estamos viviendo una vida en obediencia a las escrituras haciendo su voluntad?
¿Valoramos el sacrificio santo de nuestro Salvador?
¿Estamos dispuesta a morir por él, menguando cada dia?
¿En cada dolor que atravesamos, recordamos el momento de entrega que hizo Jesús?
¿Pedimos en oración ayuda a Jesús el varón de dolores, cuando nuestra alma está angustiada?

Hermanas para finalizar termino diciendo que:
El padre no intervino para impedir que bebiese la copa, pero sus oraciones fueron respondidas.
Después de la noche de sufrimiento, seguiría la mañana de resurrección y de exaltación por su obediencia.
No fue librado de padecer la muerte, sino que habiendo llegado a ella, fue sacado de sus garras por el glorioso triunfo de la resurrección, no olvidemos que de la misma manera, Dios no siempre contesta nuestras oraciones tal como lo pensamos.

Queridas cuando estemos transitando un camino doloroso parecido al que vivió Jesús; cuando estemos pasando por algún desierto, un valle de sombra y muerte, busquemos un lugar estratégico con Dios, e ir como estemos, mostrando nuestro corazón, con emociones, lleno de temores, angustias y dejarlo a sus pies en oración, él sanará nuestras heridas, confortará nuestra alma.

Jesús nos dejó un gran ejemplo de fortaleza y resiliencia en tiempos dolorosos.
Pedro un experimentado nos dice:
1 Pedro 2:21-24 
Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
Amén!!

Amadas me despido con la esperanza de volver a estar por este medio y continuar con estos mensajes que penetran nuestro corazón, si Dios quiere las espero la próxima semana con otro momento importante del ministerio de Jesús, un abrazo.

EL CAMINO DOLOROSO, NOS LLEVA A UNA PROFUNDA COMUNIÓN CON NUESTRO PADRE Y UNA OPORTUNIDAD DE HACER SU VOLUNTAD.

¡Dios con nosotras!

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