Nuestra oración diaria: Más aya de la apariencia



Mateo 6:5
Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

El evangelista Mateo escribe lo que Jesús enseñó en el gran sermón del monte: que la oración debe ser un acto sincero de intimidad con Dios, no una exhibición pública para ganar admiración humana. En esta versículo Jesús advierte contra la hipocresía de orar en lugares públicos para ser vistos, indicando que tal búsqueda de reconocimiento es su propia y única recompensa. 

La oración debe orientarse hacia Dios, buscando Su voluntad y no la validación de los hombres.
La verdadera intención que tengamos Dios lo sabrá, no trataremos de engañar al Omnisciente Señor, elijamos tener una buena actitud y postura de corazón.

Lo ideal es buscar un lugar privado, en tu casa para dirigirse al Padre, quien ve en secreto.

Quienes oran para ser vistas ya reciben su recompensa (el aplauso humano), por lo que no deben esperar respuesta de Dios.

Hermanas ¿Cómo están?, Dios las bendiga grandemente, gracias por dejarme entrar en su casa y escuchar el mensaje de Dios.

Te invito a que continúes escuchando la reflexión será de mucha edificación y bendición y si sabes de alguien que lo necesite, no dudes en compartirlo, gracias.
En la semana pasada hablamos sobre como vivir ¡días felices! Dónde el Señor nos dejó una reflexión y es que para tener gozo debemos fijarnos cómo hablamos diariamente, cómo nos expresamos con nuestro prójimo.

Bueno, hoy voy a continuar reflexionando sobre como hablamos diariamente con nuestro Señor y la actitud del corazón, a través de la oración.

Antes de empezar quiero recordarles que la oración es una de las formas principales de desarrollar nuestra intimidad con Dios en comunión con él, y es una de las armas principales siempre y cuando lo hagamos en forma correcta.

Recuerdo ahora un salmo dónde David escribe al respecto y lo vemos en el:
Salmo 51:17
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Amadas reconocer nuestra incapacidad y pecado ante Dios, despojándonos del orgullo con un espíritu rendido esperando su voluntad es clave.

Un corazón con una profunda tristeza por haber fallado a Dios, un corazón "aplastado" bajo el peso del arrepentimiento, Dios no lo rechaza, lo acepta y lo levanta, recibe perdón porque nace de una sinceridad genuina y no de la apariencia externa. 

Debemos tener cuidado cuando vamos al trono de Dios, la reverencia y la convicción a dónde vamos debemos tenerlo presente, ya que iremos delante de un Dios Santo y glorioso.

Tengamos presente que Dios conoce nuestras necesidades y él, no necesita de nuestros consejos al orar, tampoco nuestras ideas o lo que nos conviene ya que no lo sabemos.
Ahora ¿Quién le puede dar consejo al incomparable? 

A menudo nuestras oraciones parecen más predicaciones o enseñanzas, queremos aprovechar el momento de decir lo que vemos mal en otras personas
Las indirectas aparentemente llenas de espiritualidad: hieren y no es agradable al Señor.

Hago un paréntesis para decir que, las situaciones que vemos en nuestras hermanas Dios lo conoce y no debemos usar las plegarias, ni el púlpito para resaltar lo que no le podemos decir en persona, eso es falta de integridad y honestidad.
Es bueno si alguien está en falta apartarla y exhortarla en amor y compasión, poniéndonos en su lugar, quizás en ese momento no lo acepte y tampoco entienda, pero luego te agradecerá.
Cierro paréntesis.

Ahora buscando en las escrituras me encontré con una oración que deseo analizar y se encuentra en:
1 Crónicas 4:10
E invocó Jabes al Dios de Israel, 
diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió.   

Acabamos de leer una de las oraciones mas notable, por su simplicidad y profundidad.
Estas simples líneas ha marcado la diferencia por siglos y quedó registrada en las sagradas Escrituras para meditar en ella.

Ahora buscando el significado del nombre de Jabes encuentré que significa: angustia o dolor, su madre le puso así porque dio a luz con dolor.

Cómo crítica, se puede ver en esta oración un poco de egocentrismo, no se ve a Jabes, pensando en el otro, él pide para si mismo.
Pero sigamos analizando este modelo de oración con el lente ya no de la crítica, sino como un ejemplo de oración.

Jabes reconoce la soberanía de Dios y le pide primeramente:
Bendición para su vida, lo que implica una relación cercana con él, porque sabe que una relación con él lo llevará a conocer su carácter, sus atributos a mayor profundidad.
Seguidamente vemos que le pide alargamiento de territorio, Jabes pide que se le amplíe su territorio, como un deseo de influencia y oportunidades para servir a Dios.
Luego sabiamente pide la presencia de Dios indicando que desea que él lo guíe con su mano amorosa en todo, y finalmente vemos que este varón de Dios pide que él lo guarde del mal, lo que muestra que la maldad del mundo se hacía evidente y necesitaba protección de Dios. 
Hermanas entonces vemos que la oración de Jabes es un ejemplo de cómo podemos acercarnos a Dios con humildad y fe, reconociendo su soberanía y pidiendo su bendición y guía en nuestra vida.

Dios quiere que estemos en una posición de humildad, la posición de oración es una posición de humillación, por que así reconocemos que estamos rendidas totalmente a Dios ya que la oración nos hace más humildes, dependientes de él en todo y nos acerca a su corazón.


Hermanas Jabes en lo espiritual fue sabio al pedir  lo que pidió, él invoca a Dios, se eleva para adorarle al nuevo Dios que había encontrado, al Dios de Israel.
¿Acaso no es maravilloso? 

Jabes exalta a Dios porque había conseguido un refugio en Israel y obtuvo el territorio que anhelaba. Él podía reconocer que el Dios de Israel al que el estaba invocando, era su esperanza y entendió claramente que podía orar por una bendición y extensión de su territorio.
Sin duda la fe de Jabes no fue despreciada como escribió el salmista en el Salmo 51:17

Por otro lado la oración de Jabes es muy similar a la que nos dejó y enseñó Jesús en su palabra, solo que la diferencia aquí, es que está la oración que dejó Jesús es una oración corporativa y se trata de la oración del Padre Nuestro.

Amadas, no está mal pedir la bendición, la protección, la presencia y la sanación de Dios para nuestras propias vidas, como lo hizo Jabes, lo que si, no debemos olvidar que nuestra primera preocupación debería ser la gloria de Dios, Su reino y Su voluntad, leamos lo que dice en:
Mateo 6:10-11
Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Ahora cuando Jabes oró, vemos expresión de angustia al daño y al mal y así nosotras es necesario pedir que seamos guardadas de la tentación del mal que nos asecha y de cometer acciones o hechos que nos lleven a hacer daño a otras, y en la oración de Jesús también vemos lo mismo, leamos:
Mateo 6:13
Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

No obstante Jabes tenía un nombre con significado de dolor o angustia, y esto lo llevó a tener una vida de tristeza y desaliento, por eso él buscó tener una relación íntima y más profunda con Dios en oración.
¡El quería ser diferente!

Jabes era un hombre honorable y su oración marcó la diferencia, porque Dios le otorgó lo que pidió, fue la devoción de su oración, que compensó el dolor y la angustia del principio. 
Dios vió su confianza total en él y eso le agradó.

A todo esto ¿Sabes como orar? ¿No? Yo tampoco, pero tengo una buena noticia: tenemos al Espíritu Santo de Dios quien nos va a enseñar, nos va guíar como hacerlo, orar como conviene, orar en el nombre de él, al Padre y conforme su voluntad y nuestras oraciones serán escuchadas y aceptadas ya que lo haremos con un corazón contrito y humillado. Leamos:
Romanos 8:26
Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
¡Gracias a Dios por el Espíritu Santo que mora en nosotras!

Amadas al reflexionar sobre la oración de Jabes hemos podido aprender a ser específicas en nuestras peticiones a Dios e ir directamente sin rodeos, con un corazón humilde y un espíritu capaz de aceptar la voluntad de Dios.

Muchas veces la oración puede ser ostentosa, larga y con un lenguaje florido, pero tengamos en cuenta que la oración no es un entretenimiento; es un tiempo de comunión con el Padre. 

Por lo tanto debemos hacer oraciones de calidad, con la actitud correcta del corazón y no cantidad.
Un consejo sería hacer oraciones en 3D.
Las tres D representan: deseo, disciplina y deleite.
Cómo vemos debe haber un punto de partida y es el deseo de ser una persona de oración, sin ese deseo nada cambiará y sino hay ese deseo, debemos pedir a Dios que lo ponga en nosotras a través del Espíritu Santo.
Luego se requiere disciplina, es la parte más difícil, pero a medida que la aplicamos se volverá más fácil.
Y por último la tercera D es el deleite, pasar el tiempo con el Padre y escuchar lo que nos va a decir debe ser un deleite ya que nos ayudará a esperar en él y en su voluntad con paciencia. 

Recordemos que Dios conoce siempre nuestros corazones y ve la intención cuando oramos.
Muchas veces venimos al Señor a pedirle cosas que nos harán daño y él por bondad no, nos lo da, otras veces pedimos cosas o anhelos solo para sacar provecho, por lo general no sabemos pedir.

Las mejores oraciones debe ser a solas, en intimidad.
Las escrituras deja un modelo correcto establecido por Jesús en Mateo 6, pero no quiere decir que son pasos estrictos que debemos seguir, solo es una guía o ejemplo, 
Jesús dice que debemos entrar en nuestra habitación y orar al Padre, pero lo podemos hacer en cualquier lugar, y lo que hace especial este momento, es encontrar un lugar regularmente, leamos lo que Jesús dijo en:
Mateo 6:6
Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

La oración debe ser una conversación íntima y sincera con Dios, no un espectáculo público para impresionar a otras. Jesús instruye a orar en privado, para enfocarse en Dios, quien recompensa la sinceridad del corazón, en lugar de buscar la validación humana. 
Jesús no prohíbe orar en grupo, sino que advierte contra el motivo de la vanagloria al hacerlo. 

En la oración pública debemos tener dominio propio y nuestro corazón y labios bajo el control del Espíritu Santo, no usar muchas palabras como si Dios al hablar más nos va hacer caso. Jesús continúa diciendo:
Mateo 6:7
Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
Orar mucho tiempo usando muchas palabras, en voz alta, no significa que tengamos más probabilidades de obtener la atención de Dios.
No sé trata de palabras, extensión o repetición porque Dios ya conoce lo que vamos a pedir.
En la oración pública debemos centrarnos únicamente en la intersecion por las necesidades, 

Amadas en una ocasión fueron dos hombres a orar y nos dejan una enseñanza, este acontecimiento está escrito en el nuevo testamento y se trata de la parábola del fariseo y el publicano. Y lo tomaremos como ejemplo de cómo debemos orar en público y de la forma que le agrada a Dios. Vamos a la parábola y busquemos:
Lucas 18:10
Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
Amadas recordemos que Jesús en sus parábolas usa a personas, cosas y lo que había en el cotidiano vivir para que sus enseñanzas sean sencillas, esta vez vemos a dos hombres, dos corazones y dos actitudes.
Empecemos con la actitud del fariseo:
Lucas 18:11-12
El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.

Los fariseos era una secta religiosa que se caracterizaban por demandar perfección de los demás, y a su vez tienen un alto concepto de sí mismos. Además les gustaba hacer largas oraciones públicas para que sean vistos.

En el pasaje se describe la oración orgullosa de un fariseo que se jacta ante Dios de su superioridad moral, comparándose y menospreciando a otro especialmente al publicano. En lugar de pedir gracia, enumera sus obras como méritos propios, que a Dios no le sirve de nada, demostrando una actitud de autosuficiencia y falsa santidad. 

A veces esto nos suele pasar a nosotras al orar, nos miramos a nosotras mismas, pensando que somos perfectas y el orgullo aflora, nos comparamos a sí mismas con otras personas.
Mucha alabanza propia, le contamos a Dios nuestras buenas obras, no sabiendo que Dios conoce todo y la intención de nuestro corazón.
Ahora miremos la actitud del publicano:
Lucas 18:13
Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
Los publicanos eran considerados como traidores a la iglesia, apóstatas, y entre los más viles del pueblo de Dios, eran los más odiados por cobrar altos impuestos a sus mismos compatriotas.

El publicano es consciente de sus pecados y reconoció su imperfección, lo contrario del fariseo, él sabía que necesitaba ayuda y fue al Señor.
Reconoce que no tiene méritos propios y depende totalmente de la misericordia y gracia de Dios, no de sus obras. 

¿Notan la diferencia en la oración entre el publicano y el fariseo?

El fariseo no tenía convicción de pecado y el publicano si.
El fariseo «confiaba en sí mismo y se creía justo,. Cayó en la trampa de confiar en su propia santidad. 

El publicano se examinaba a si mismo a la luz de la palabra, se consideraba pecador y se sentía indigno estar en la presencia de Dios.
El publicano también era Judío pero, a diferencia del Judío fariseo, el sí reconocía su verdadera condición ante Dios.

Aunque el fariseo y el publicano eran pecadores, y por lo tanto ambos están bajo condenación, Jesús resalta y recompensa la actitud adecuada de orar del publicano:
Lucas 18:14
Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

El publicano, al humillarse y pedir misericordia, recibió el perdón de Dios. Él valora la sinceridad y la contrición del corazón por encima de las apariencias religiosas. 

Entonces como vemos la actitud que agrada a Dios es: "humillarse ante él reconociendo nuestra condición, la bendición de ello es la justificación, lo que no recibió el fariseo.

Me resulta muy fácil leer este pasaje y dar gracias a Dios porque no soy como el fariseo. Pero al hacerlo, caigo en la misma trampa que Jesús está describiendo: pensar que soy más justa que los demás, en vez de reconocer mi pecado y mi necesidad de Dios. Este es precisamente el pecado del fariseo.

Hermanas no cabe duda que Jesús es nuestro mayor ejemplo, él nunca buscó reconocimiento, ni halagos por sus oraciones, pero si vemos que eran largas y extensas porque lo hacía a solas con su Padre.
Jesús anima a no hacer largas oraciones en público con palabras vacías y alabanzas a nosotras mismas, el YO no debe existir en nuestras oraciones.
No pensemos que al orar mucho vamos a mostrar sabiduría a los demás o peor aún, que Dios se va a sorprender de lo que decimos.

Amadas la oración se trata del corazón Dios ve nuestra actitud nuestra intención y motivación, tenemos que rendir nuestras emociones a los pies del Señor ya que el corazón es mentiroso y nos puede llevar a pedir para los deleites propios.

Nuestra oración debe ser sencilla, humilde, a veces no tenemos palabras que decir, pero nuestro Señor se deleita cuando vamos sin palabras, solo a escucharle hablar.
Tenemos que llegar a ese punto, hablar menos y escuchar más.

Amadas para finalizar digo que cada oración que hagamos debe ser guiada por el Espíritu santo, para ello, tenemos que llenarnos de la palabra de Dios, pedir sabiduría para orar, ya que la sabiduría conduce a la sencillez y finalmente aprender orar lo que hay en su corazón, Sus pensamientos y por lo consiguiente debemos orar Su palabra.

Nuestro Padre, nos invita a orar a Él, como Jabes y cómo nos enseñó Jesús, estamos en un nuevo pacto, el de la gracia, y Jesús dejó un claro ejemplo de oración y que lo hagamos diariamente, aprendamos de él, y así nuestra manera de pedir va a cambiar, serán oraciones con humildad, claras, sencillas, honestas.

Amadas quisiera elevar una oración por ustedes, con la palabra de Dios que dice en el:
Salmo 121:4-8 
He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.
Amén. .

Amadas me despido deseando que toda oración que eleven a Dios sea respondida según su voluntad, un abrazo y hasta la próxima semana, Dios mediante.

NUESTRAS ORACIONES DIARIAS SENCILLAS CON SABIDURÍA MARCARAN LA DIFERENCIA, CUANDO NUESTRO CORAZÓN ESTÉ SUJETO A SUS PROPÓSITOS.

¡Dios con nosotras!

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