Lágrimas Que Dios Atiende
Salmos 39:12
Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; Porque forastero soy para ti, y advenedizo, como todos mis padres.
Vemos aquí que el salmista desesperado busca una respuesta directa y la atención de Dios ante su angustia que le pide que no ignore sus lágrimas, reflejando una expresión de vulnerabilidad profunda.
David sabe que sus palabras no bastan y confía en que Dios comprende su dolor silencioso.
El decide callar para no pecar con su lengua, pero al final desahoga su angustia ante Dios con sumisión total y confianza en que él es su único refugio.
Amadas, Dios las bendiga ¿Cómo están?
Es grato para mí volver a estar con ustedes para animar su corazón, fundamentar su fe en Jesucristo y que la palabra de Dios sea la única esperanza para su vida.
En este episodio aprenderemos sobre porque lloran los creyentes, si tenemos todo en Jesús.
Veremos juntas las causas y algunas experiencias.
Llorar ante Dios es una expresión natural de humanidad, vulnerabilidad y fe muchas veces.
En lugar de ser una falta de confianza, el llanto es el medio para acercarse a lo divino, guiado por razones profundamente arraigadas en la relación con el Dios.
Cuando se está en presencia e intimidad con Dios, el llanto suele brotar al experimentar su presencia tangible, palpable y sobrenatural como una señal de que lo sagrado está tocando nuestro interior permitiendo que las emociones y oraciones fluyan desde el corazón más allá de la mente.
Las lágrimas pueden reflejar un profundo pesar por las propias faltas, debilidades o el deseo de apartarse del pecado donde hay arrepentimiento y quebrantamiento. Este tipo de llanto reconoce la santidad de Dios y la necesidad de Su gracia para recibir el perdón.
Llorar ante Dios permite desahogar el alma abatida, refugiarse en su consuelo y desahogo por el dolor y las pruebas tal como se expresa en los Salmos.
La Biblia muestra que los creyentes experimentan tristeza por las dificultades de la vida.
Y podría seguir mencionado más causas por la que lloramos, pero somos humanos con emociones, sentimientos y debilidades.
amadas hoy quiero dar un vistazo a algunos que lloraron y mostraron su debilidad aún siendo siervos de Dios.
Empezamos con David, hoy lo vamos a ver en su mayor expresión de sinceridad hacia Dios y le confiesa en su Salmos 6:6
Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas.
Vemos aquí, que David está abatido y se presenta ante Dios con una oración sincera y agonizante para aliviar su estado doloroso.
Era tanto su dolor que no podía dormir.
Las lágrimas expresadas del rey David eran realmente sinceras.
David terminó el salmo con una nota de confianza. Hizo su grito agonizante a Dios y Dios lo escuchó.
Ahora veamos a Jacob, cuando el patriarca tuvo un dolor desgarrador y luto inconsolable al creer que su hijo favorito, José, había muerto devorado por un animal salvaje que lo llevó al llanto, sus hijos le habían engañado, leamos:
Génesis 37:35
Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su padre.
Este versículo ilustra el peso devastador del engaño y el dolor que causa una pérdida familiar.
Cuando Jacob ve las ropas de José manchadas de sangre, asume lo peor.
Toda su familia intenta reconfortarlo, pero él se niega a recibir ayuda, indicando la intensidad de su aflicción. Las madres que nos escucha entenderán el dolor de Jacob.
Jacob expresa que su tristeza es tan grande que lo acompañará hasta el fin de sus días.
Ahora voy a mencionar a Ana, la madre de Samuel quien también lloró amargamente, ella estaba molesta, triste y no quería comer ya que no podía tener hijos y se presenta a Dios llorando:
1 Samuel 1:10
Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.
Ella no esconde su tristeza ni ora oraciones superficiales. Por el contrario, "lloraba amargamente", demostrando cómo debemos presentar nuestras cargas más pesadas directamente a Dios con total honestidad.
Seguidamente vemos a el profeta Nehemías a quién también lo vemos llorar al enterarse de la condición del templo de Dios en Jerusalén, él se presentó a Dios en clamor, ayuno y oración, y lo vemos en:
Nehemías 1:4
Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.
Aquí se describe la profunda reacción de Nehemías al enterarse de la destrucción de Jerusalén. Su respuesta inmediata ante la crisis no fue actuar por impulso, sino buscar a Dios: se sentó a llorar, hizo duelo, ayunó y oró.
Llorar y hacer duelo demuestra que a Nehemías no le era indiferente el sufrimiento de su pueblo, a pesar de vivir cómodo en el palacio.
En lugar de entrar en pánico o buscar culpables, Nehemías llevó su dolor directamente ante el "Dios de los cielos", preparando su corazón para la acción, la futura reconstrucción de los muros.
Cómo notamos en estos ejemplos, el dolor, la amargura, la angustia, el temor y empatía los llevó a buscar misericordia de Dios, ellos fueron a Dios por qué sabían que recibirían además de gracia, consuelo, sabiduría, fortaleza y respuesta a sus oraciones de Aquel que les podía librar de sus emociones y debilidades con su poder.
Amadas por otro lado en las escrituras Jesús, nos dice que somos benditos al llorar. A si es y lo vemos en:
Mateo 5:4
Bienaventurados los que lloran; porque ellos recibirán consolación.
Este pasaje encierra un significado mucho más profundo que la simple tristeza.
No solo se refiere a las lágrimas por pérdidas o sufrimientos cotidianos.
El lloro representa el dolor interno por nuestras fallas, debilidades y el reconocimiento de la separación que el pecado causa con Dios.
En el idioma original, el lamento mencionado apunta a un dolor profundo frente al pecado, tanto el propio como el ajeno.
Nuestro Señor nos enseña en este sermón el verdadero significado de llorar, que representa reconocer nuestra impotencia ante el mal y nuestra dependencia absoluta de Dios. Y nos da una promesa de consuelo que va más allá de un simple alivio temporal, Jesús garantiza que aquellos que experimentan este dolor recibirán el alivio, la paz, el perdón y la restauración que Dios ofrece a quienes reconocen su necesidad espiritual y se arrepienten, restaurando el corazón quebrantado.
A veces lloramos de gozo al ver que Dios obra maravillosamente a nuestro favor ya sea por un respuesta a una oración contestada, o por el gozo que nos da al saber que hemos sido redimidas y trasladadas de un lugar oscuro a una lugar de Luz.
Amadas, Jesús desea que al llorar seamos conscientes de nuestra bancarrota espiritual, de nuestra triste condición sin él.
¿Haz llorado tu por gratitud?
¿Son sinceras tus lágrimas?
Cabe decir que las lágrimas que derramemos no sean lágrimas de cocodrilo, lágrimas fingidas, sino, lágrimas de un corazón contrito y humillado, arrepentidas por nuestros pecados.
Ahora vemos también que Jesús no tuvo reparos en llorar, pero no por fallar a su padre, sino de dolor y decepción de la gente alrededor y lo hizo públicamente frente a las multitudes, cuando visitó la tumba de su amado amigo Lázaro, impulsado por un profundo dolor y empatía humana. Aunque sabía que pronto lo resucitaría, sus lágrimas reflejaron el impacto emocional del sufrimiento, el llanto de sus amigos y su rechazo a las trágicas consecuencias de la muerte.
Las razones teológicas y emotivas detrás del llanto de nuestro Señor incluyen:
Empatía y compasión, al ver el dolor intenso de María, Marta y los presentes, Jesús se conmovió profundamente y compartió su tristeza.
Otra razón es amor por su amigo, Lázaro era alguien a quien Jesús estimaba mucho, fue un afecto genuino.
Hermanas Jesús no lloró porque la muerte fuera el fin, sino porque es una intrusa dolorosa que destruye la creación de Dios. Las lágrimas validan la tristeza humana frente a la pérdida.
Jesús se estremeció en su espíritu, sintiendo frustración ante el pecado, la desobediencia, la incredulidad y el sufrimiento que oprimen a la humanidad, hermanas Jesús lloró por el dolor de los que acompañaban el funeral, vio el sufrimiento de ellos y que no entendían que la consecuencia del pecado produce la muerte.
El lloro sincero no fue un motivo de vergüenza para nuestro Señor, ni constituyó una razón para sentirse humillado.
Si hay un momento en la vida de nuestro Señor, es que tanto su sensibilidad humana como su perfecta Deidad alcanzaron un punto muy luminoso, fue precisamente en aquella imagen cuando lo encontramos llorando por la muerte de su amigo Lázaro, descrito en: Juan 11:35
En otra oportunidad Jesús llora al ver el rechazo a su persona, su pueblo no lo aceptó, ellos estaban ciegos espiritualmente, su dolor era por los pecados de la humanidad:
Mateo 23:37
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!
Hermanas este versículo es considerado uno de los pasajes más tiernos y reveladores del corazón de nuestro Señor. Muestra su naturaleza protectora frente a la obstinación de su pueblo, marcando también el fin de su ministerio público y la antesala de su pasión y muerte.
Jesús no juzga desde la frialdad, sino con lágrimas en los ojos por el sufrimiento que la ciudad misma se acarrearía al rechazar la salvación.
Jesús expone la histórica rebeldía de Jerusalén hacia los mensajeros de Dios.
Con la metáfora de la gallina, él muestra el deseo ferviente de brindar amor, seguridad y refugio.
Amadas, Dios ofrece su protección constantemente, pero respeta la libertad humana para aceptarla o rechazarla, conocida como el libre albedrío.
En otra ocasión vemos llorar a nuestro Señor, al finalizar su misión en la tierra en el Huerto de Getsemaní en los días de su carne, por el dolor producido, derrama unas lágrimas como gotas de sangre, fue un llanto y un clamor agonizante y lo vemos en:
Hebreos 5:7
Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.
El autor describe la profunda humanidad y la intensa agonía que Jesús experimentó en la tierra, sirviendo como preparación para convertirse en nuestro Sumo Sacerdote.
Jesús experimentó el dolor, el temor y la vulnerabilidad humana, fueron momentos de profunda angustia, como su oración en el Huerto de Getsemaní, donde su alma estuvo atribulada ante la perspectiva de la cruz.
Cuando el texto dice que oró "al que podía salvarlo de la muerte", no significa que Jesús pidiera evitar el sufrimiento a toda costa, sino que buscaba la voluntad del Padre y confiaba en su poder.
¿Por qué fue escuchado?: Fue escuchado "por su reverente sumisión" (o temor reverente). Aunque Dios no lo libró de morir en la cruz, respondió a su súplica dándole la fuerza para obedecer y venciéndola a través de la resurrección.
Amadas y si nuestro poderoso Señor quién es nuestro modelo en todo supo llorar abiertamente,
¿Quiénes somos nosotras para retener las lágrimas en esos momentos, en que nuestros corazones se hacen añicos frente al abuso, la injusticia, la enfermedad, la pérdida de un ser querido, o a causa de nuestros muchos pecados?
Hermanas las escrituras también nos dicen que Pedro lloró amargamente por haber negado a Jesús tres veces, y también Pablo porque vemos que su ministerio estuvo sembrado de abundantes lágrimas por la causa de Jesús.
Y así a lo largo de la historia vemos llorar a hombres que amaban al Señor y eran fuertes porque sabían que sus lágrimas eran parte de sus oraciones.
Alguien dijo una vez:
“Las lágrimas de los creyentes son sus oraciones líquidas”.
El llanto no es más que otra manera de orar; llorar es expresar con lágrimas lo que no podemos decir con palabras. Hay dolores tan grandes que enmudecen nuestros labios y el único camino que encuentra el corazón para expresarse, son las lágrimas.
Llorar no es señal de debilidad, sino de fortaleza. Nunca es más fuerte un cristiano que cuando llora, pues eso es un reconocimiento de su propia impotencia y de su dependencia y confianza en Dios.
El llanto es siempre más beneficioso que la risa o el placer, porque nos acerca más al Señor. Y sabemos que cada lágrima vertida por nosotras ante el trono de la gracia será siempre recordada y recogida por Dios en su redoma:
Salmo 56:8
Mis huidas tú has contado; Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?
Mis amadas hemos visto a personajes que lloraron abiertamente con dolor, muchas veces amargamente por aflicción otras veces por consecuencias de su pecado.
Escuché muchas veces decir en la creencia popular, que llorar trae increíbles beneficios para la salud.
Dios creó en Su sabiduría el maravilloso sistema lagrimal para que actúe como una válvula de escape en esos momentos en que la tensión emocional que oprime nuestro pecho se dispara, impidiendo así que colapsemos.
Si no fuera por la virtud de las lágrimas, muchas personas se desplomarían ante nuestros ojos, cayendo literalmente muertas.
Pero gracias sean dadas a Dios, porque no sólo nos ha concedido el hermoso privilegio de llorar, sino que aún ha prometido que algún día todas nuestras lágrimas serán enjugadas y lo vemos en:
Apocalipsis 21:4 NTV:
Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más.
Dios deja una promesa en las Escrituras para su iglesia, su amada, que un día volverá por ella, y allí junto a él, ya no tendremos dolor, ni llanto.
Cuando todo haya terminado y hallamos sobrellevado toda las cosas con Jesucristo tenemos la promesa que él enjugará toda lágrima de nuestros ojos.
Mis amadas, la promesa de Dios es que un día ya no tendremos que llorar pero mientras tanto las verteremos para limpiar los ventanales del corazón y al limpiar nuestro corazón con lágrimas de dolor, aprenderemos a vivir en santidad, en obediencia limpiando nuestras vestiduras.
Finalizo esta reflexión recordándote el futuro de nuestra vida si perseveramos en fe: si somos halladas fieles en la prueba, llegaremos a verlo y viviremos con él eternamente y para siempre adorándole, así que amada te animo a que perseveres con lágrimas pero persevera y un día oirás su voz diciendo:
Mateo 25:23
Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
Amadas nuestro Buen Señor ve nuestras lágrimas, conoce nuestro dolor y lo profundo de nuestro corazón, pero es necesario padecer para crecer, no estamos solas en este transitar él sabe todo, lo escribe todo y un día lo recordará:
Al igual que el llanto de Jesús frente al dolor ajeno o ante la ceguera espiritual, debemos llorar movidos por el sufrimiento de otros, la lejanía de las personas respecto a Dios o las injusticias del mundo.
Al verter lágrimas sinceras nuestro Padre se compadecerá de nuestro dolor.
Vayamos a sus y dejemos que nuestras lágrimas rieguen sus pies y su altar con humildad en el corazón, sabiendo que ellas nos liberan de tensión al confiarle todos nuestros pesares.
Hermana no te detengas, está carrera en una prueba de resistencia, no calles aún en el dolor anuncia y siembra la semilla de la fe, grita que la salvación está en Jesús, siguiendo adelante, llorando y avanzando, anunciando el testimonio de Jesús, leamos juntas:
Salmo 126:5-6
Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.
¿Amén?
Amadas me despido con un hasta pronto, no olvides lo que has aprendido hoy y comparte la enseñanza para ayudar a que la palabra de Dios corra, un abrazo.
LAS LÁGRIMAS QUE DERRAMAMOS HOY, SON PARTE DE ESTE TRANSITAR PERO UN DIA EN CASA TODO CESARA.
¡Dios con nosotras!
Qué hermoso saber que Dios en toda aflicción y toda prueba está con nosotras y tiene propósitos en cada una de ellas. 🙌🙏🙏
ResponderEliminar