Esperanza en un plan de redención

Salmo 130:3-4
JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, Para que seas reverenciado.

Hay una desesperada necesidad humana de misericordia frente a la santidad de Dios. 
Y el salmista reconoce que si Dios llevará un registro estricto de los pecados, nadie sobreviviría. Sin embargo, en Dios hay perdón, lo que produce reverencia, gratitud y una verdadera adoración en lugar de miedo al castigo. 
Es necesario admitir como el salmista la pecaminosidad delante de Dios y que nadie tiene la capacidad de estar delante de él, sino hay un arrepentimiento.
No podemos salvarnos por méritos propios.

Según los versos leidos, el Espíritu Santo muestra dos posiciones opuestas de modo claro:
Una posición es: el temor con respecto a los pecados que merecen castigo. 
Y la otra posición es esperanza con respecto a las misericordias no merecidas.
Alguien dijo: 
"En los juicios humanos se castiga al que confiesa su culpa; en el divino se perdona"

A pesar de que merecemos el castigo, la naturaleza de Dios es perdonar, eso es gracia.

Este "temor" que menciona el salmista no es miedo a ser destruido, sino una profunda reverencia, gratitud y respeto que nace al entender la magnitud de su misericordia y el perdón.

Los versos entonces nos muestran que la esperanza del hombre no radica en su propia perfección, sino en el perdón inmerecido de Dios, el cual genera amor, reverencia y respeto profundo hacia él. 

Amadas las saludo y me gozo en gran manera estar nuevamente con ustedes, trayendo la palabra de Dios, su mensaje, que nos ayudará a aumentar nuestra fe en él, y deseando que está reflexión cumpla el propósito para lo cual es enviada.
En estos mensajes que vienen a continuación quisiera me acompañes y ver juntas el plan de Dios para la redención de nuestra alma a través de la vida de su Hijo con el propósito que los pecadores tengan una esperanza para la gloria suya.

El pecado fue lo que sacó a Adán y Eva del paraíso, no estuvieron contentos con el lugar que Dios les había asignado, y fue así que, por la desobediencia hizo su entrada el pecado, el sufrimiento y la muerte, ellos fueron separados de Dios y lo vemos en:
Génesis 3:23-24 
Y lo sacó Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

A partir de la caída en el jardín, cuando Adán y Eva optaron por el pecado en lugar de la comunión con Dios, hemos avanzado con dificultad en la oscuridad, distanciadas de Dios.

Desde ese entonces el pecado se asienta en el corazón de todos por naturaleza, nacimos con la naturaleza Adámica.

El pecado a menudo hace al hombre autosuficientes, haciéndolo creer que son suficientemente buenos sin Dios.
El pecado tapa los oídos para que no escuchar consejo, impulsa a rechazar el evangelio de Jesucristo, y andar por su propio camino. 

Déjame decirte que vivir sin Dios, es estar separada de él, sin paz, agobiadas con los problemas, pensando que estamos mejor sin él, pero esa es una gran mentira, es el pecado que nos hace pensar así, es una mentira de Satanás.
¡El pecado nos separa de Dios!

Y esa es la razón por lo que el autor del salmo 130 escribe los versos 3 y 4 porque sabía muy bien que el Omnisciente Señor conoce cada uno de nuestras iniquidades, y ante su tribunal nadie puede permanecer de pie, por lo cuál; sólo por causa de la clemencia de Dios se puede esperar el perdón no merecido.

La buena noticia es que solo la presencia de Dios en la tierra limpiará la impureza del mundo, y juzgará la maldad, haciendo difícil para los impíos mantenerse en pie, y lo vemos en:
Malaquías 3:2
¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.
El versículo prepara el escenario para un arrepentimiento genuino.
La llegada del Señor trae una santidad tan intensa que confronta el pecado para ser limpios, porque es imposible estar parados frente a la santidad de Dios, como en el caso de Adán y Eva.

Malaquías nos dice que: al igual que el fundidor de metales usa fuego para separar las escorias del oro o la plata, el Mesías purificará a los pecadores y eliminar la corrupción y la hipocresía.
Similar a la lejía o jabón fuerte usado para limpiar la ropa sucia, el Señor lavará la impureza espiritual preparando a un pueblo purificado que pueda ofrecer una vida piadosa.

Amadas el plan de Dios no es destruir, el busca refinar a los creyentes como oro y plata, preparándolos para ser santos como él es santo en su manera de vivir. 

Este pasaje profético de Malaquías apunta tanto a la primera venida de Jesucristo, que desafió la religiosidad superficial, como a su segunda venida, que traerá un juicio final y una restauración total.

Pero amadas, que satisfactorio es saber que Dios observa y su deseo es limpiar la maldad; él no mira ninguna iniquidad para condenar, porque si lo hace, nadie podría resistir.
Cuando el limpia y perdona el pecado, lo olvida, porque su mayor placer es amar, y lo vemos en: Miqueas 7:18
¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.

El nombre Miqueas significa "¿Quién es como Jehová?". 
Y mira como él, enfatiza que no hay ninguna deidad comparable a Dios en su bondad y capacidad de perdón.
Dios no solo perdona errores menores, sino la iniquidad profunda y la rebeldía deliberada de su remanente, su pueblo.
Aunque el pecado merece castigo, la ira de Dios es temporal y limitada, no eterna.
Dios se deleita en la misericordia, porque su mayor placer o gozo no es castigar, sino mostrar amor, él ofrece consuelo al asegurar que olvidará los pecados y cumplirá las promesas hechas a los antepasados como lo dice en:
Miqueas 7:19 
Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.
Amén!

Por lo tanto son bienaventurados los pecadores al recibir el perdón, y cubierto su pecado.
Él los viste con su justicia, con vestiduras santas y desechas las viles, y lo vemos en:
Zacarías 3:4
Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala.

Está es una maravillosa escena de justificación, donde Dios actúa como el juez que limpia al pecador arrepentido y lo reviste de su propia justicia, cumpliéndose en el contexto del sacerdocio de Jesucristo.

Así como el ángel ordena quitar las "ropas sucias"  y vestir a Josué con "ropas de gala", simboliza que Dios limpia el pecado y es nueva criatura.

El plan de Dios es un propósito eterno de amor para salvar a la humanidad, redimiéndola del pecado a través de Jesucristo. Su objetivo es que el pecador viva en amistad con él , y transfórmalo a la imagen de Jesús, forme parte de su familia y experimente gozo y paz eternos. 

Ahora, la Biblia se divide estructuralmente en Antiguo y Nuevo Pacto, para marcar la transición entre la ley dada a Israel y la gracia traída por Jesucristo. 

El primero se basa en la obediencia a la Ley mosaica, mientras que el segundo se centra en la redención a través del sacrificio de Jesucristo que ofrece la salvación a través de la fe, siendo una alianza superior y definitiva, sellado con su sangre.

Estos pactos reflejan el deseo de Dios de tener una relación amorosa y comprometida con los seres humanos, a menudo comparada con el matrimonio.

Un pacto bíblico es una promesa solemne, acuerdo vinculante o alianza entre Dios y la humanidad, caracterizada por ser una relación sagrada y duradera, más profunda que un simple contrato. 
Se resume en la promesa de Dios en:
Jeremías 32:38-41
Y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios. Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma.
Amén!

Esta una promesa de esperanza y restauración divina para la humanidad caída, desde Génesis, dónde Dios promete reestablecer un pacto inquebrantable, transformar el corazón de su pueblo para asegurar su fidelidad y traerlos de vuelta hacia él, y se cumplió en Jesucristo siendo él, el Nuevo Pacto en su máxima expresión. 

Este pacto fue parte del plan para hacernos sus hijos adoptivos, compartiendo su vida y su amor para siempre.

Hermanas después de haber visto estás grandiosas verdades y como Dios acciona en la vida del pecador, el plan de rescatar a la humanidad de su espiral descendente tenía que ponerse plenamente en marcha para traerlo de regreso.

El nuevo pacto se ha cumplido, el de la gracia, el Padre mandó a su Hijo a morir por el mundo, porque supo que no seriamos capaces de salvarnos a nosotros mismos, necesitando de un Salvador, como dice en:
Juan 3:16
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Dios ama tanto al mundo que desea  aferrarlos a él y no dejarlos como muestra de amor y misericordia, este un amor incondicional, deseando que todos crean en él, y reciban vida eterna para no perecer.

Ahora ¿Por que Dios, dio a su hijo al mundo?
Dios ofreció a su Hijo al mundo, con el propósito fundamental de salvarlo de la ira de Dios, a través de un sacrificio.
Muchos no lo quieren aceptar, ni creer en el.

Y ¿Cuál fue el sacrificio?
El sacrificio de Jesús, fue la entrega voluntaria de su vida en una cruz, para perdonar los pecados de la humanidad y reconciliarlos con Dios.

Amadas está obra de Jesucristo lo hemos experimentado en nuestra vida, porque la máxima expresión del amor de Dios se ha manifestado hace más de dos mil años, Jesús un regalo de esperanza que transforma el presente y el futuro vino a este mundo y ha derramado gracia y perdón de todo pecado del pasado, aún de los futuros.

Ahora el que se sienta culpable puede acercarse a Dios en busca de perdón por los méritos de Jesucristo. 

Ya he mencionado que el hombre no puede estar delante de él con pecado, y seguir viviendo como si nada.
Tenemos el bien mayor, el don inefable, el Hijo de  Dios, el gran sumo sacerdote quien nos puede limpiar, purificar y perdonar, para luego vivir con él para siempre.
¿Acaso no trae esperanza esto?

En el plan de redención del Padre, hay un solo acceso a él, un solo mediador, una sola vía para presentarnos ante él si mancha, y estar de pie.
Y lo vemos en:
Juan 14:6
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Hermanas aquí vemos a Jesús mismo afirmando ser el único camino al Padre. 
Está es una verdad que debería calmar el temor de todo hombre e ir a él.
Esta promesa es una verdadera esperanza para el pecador 

Jesús no solo nos ha mostrado el camino, él es el camino personal hacia Dios para unir a la humanidad con el Padre.
Además Jesús es la encarnación de la verdad divina, guiando y santificando, en contraposición a las verdades mundanas.
Y finalmente Jesús es la fuente de la vida espiritual y eterna, dándonos vida al cuando estábamos muertos nuestros delitos y pecados y superar la muerte.

Jesús es el único mediador; no hay otras alternativas para llegar a la presencia de Dios. 

Entonces como hemos visto, el pacto de Dios hacia el hombre fue cumplido y forman parte del plan de Dios para salvación, está en el hombre aceptarlo o rechazarlo.
Dios manda a todos que acudan a él en arrepentimiento porque insisto, el pecado no nos permite acercarnos a Dios con confianza, sin su plan redentor para lavarnos y purificarnos no podremos sobrevivir.

El plan de Dios es una esperanza para el pecador, en Jesucristo para ser justificado por medio de la fe en él por su obra en la cruz, y lo dice en:
Romanos 5:1-2
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Notemos aquí que habla de la gracia y tiene un maravilloso significado porque es el favor inmerecido, amor incondicional y regalo gratuito de Dios hacia el pecador, no ganado por mérito o buenas acciones y se manifiesta en el perdón, la salvación a través de Jesús y es la fuerza de Dios para la vida diaria en nuestra vida.

Ahora hay un Salvador, un intercesor, quién abre el único camino; y por su Justicia y da entrada al hombre para acercarse y buscar esa gracia para mantenerse de pie a través de la obra de nuestro Señor Jesucristo siendo absuelto, por él en la cruz, leamos pues en:
Colosenses 2:13
Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.

La gracia total de Dios es borrar una deuda inalcanzable, y a cambio da una nueva naturaleza en lugar de solo mejorar la antigua. 

Hermanas nosotras hemos acudido al mensaje de Dios y hemos abrazado esa esperanza que Dios ha dado para todo pecador, dónde estábamos incluidas, el pacto de amor en Jesucristo es lo que nos sostiene, su gracia nos guía al trono donde encontramos a Jesús como nuestro Gran sumo sacerdote quien intercede por nosotras, porque déjame decirte que aún le fallamos, aún pecamos, estamos en un proceso de santificación pero mientras eso sucede corremos y buscamos perdón.

Somos bienaventuradas por haber sido lavadas, apartadas para él, nuestro rescate no fue gratuito, alguien pago el precio y tenemos que valorarlo como tal.

Ahora después de haber sido perdonadas por nuestro Padre; nuestro corazón siente gozo, agradecimiento y un deseo enorme de alabarle y de reverenciarle!
Espero que tú también sientas lo mismo, porque ese es el objetivo del salmista en la cita del inicio.
Su perdón es nuestra esperanza cada vez que le fallamos.

Amadas esa gracia y misericordia debe guiarnos a la pureza y a un apropiado temor de desagradar a aquél que ha mostrado tanta amor inagotable por nosotras, tanta piedad para salvarnos y darnos vida eterna, solo él es nuestra esperanza.

Ahora me dirijo a ti amiga que me oyes, quizás en estos momentos estás viviendo separada de él a causa de tu pecado, apartada de su amor sin esperanza, te he leído el plan de redención que Dios ofrece a la humanidad.
Por lo tanto te invito a buscarlo y serás salva de su ira, procede al arrepentimiento y recibirás perdón, vida nueva junto a Dios eternamente, está es una oportunidad de ir al camino que te lleva al Padre, no lo rechaces, ya no camines por ese desierto árido, ve al que da vida, él será tu pastor, quizás no sea fácil transitar este camino nuevo pero si el correcto, y su gracia será tu fuerza de cada día.
Busca al Señor ahora que puedes encontrarle, un día ya no estará, un día será tarde.

El perdón de Dios es un beneficio para el que está separado de él, da alivio, gozo y paz en el corazón. 
Con él estarás segura.
Te dejo una cita para que medites en ella y lleves tu corazón a la voluntad de Dios, leo la cita en:
Isaías 55:7 
Deje el impío (pecador) su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Para finalizar te animo hermana a continuar día a día anunciando su mensaje, su salvación para que él pecador conozca que hay esperanza en Jesucristo, abraza está cita que te doy a continuación en:
Jeremías 17:7 NTV
Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza.

Amadas me despido, gracias por escuchar hasta aquí y te pido esperes con expectativa los siguientes mensajes de la obra de nuestro salvador y el camino doloroso que tuvo que transitar por ti y por mi, un abrazo a la distancia, bendiciones.

DIOS ES REVERENCIADO POR SU MARAVILLOSO PLAN Y POR SU GRAN AMOR PARA PERDONAR, QUE NOS LLENA DE ESPERANZA.

¡Dios con nosotras!

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