DIAS FELICES
Salmo 118:24
Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él.
El salmista nos hace una invitación: a vivir cada día con gratitud y alegría, reconociendo que cada amanecer es un regalo de Dios y celebrar la presencia y misericordia de Dios, independientemente de las circunstancias.
La soberanía de Dios juega un papel importante aquí, ya que los días son creados por él, por tal motivo debemos confiar que él controla el tiempo y las circunstancias, incluso cuando las cosas no salen como esperamos
Estar felices es una elección activa, no un sentimiento automático. Eligamos la alegría y la gratitud sobre la queja, el estrés o el malhumor.
Debemos valorar el día de hoy como una oportunidad única para experimentar la bondad de Dios y vivir su voluntad.
Amadas cómo están es un gozo y un deleite estar nuevamente con ustedes, entrar en sus hogares es un privilegio y compartir juntas la palabra de Dios, su mensaje.
Le pido a Dios me de palabras sabias y sencillas para expresar su mensaje para edificación y no confusión, él tome el control de todo, amén.
En el mensaje de hoy reflexionaremos sobre la felicidad, la paz y la alegría de vivir cada día bajo el amparo de Dios, por lo consiguiente en el deleite de su presencia y la renovación de sus misericordias cada mañana.
No obstante la verdadera felicidad se encuentra al confiar en Dios, disfrutar de su creación y reconocer su fidelidad diaria.
Y algo sumamente importante es que:
Vivir días felices con Dios no depende de la ausencia de problemas, sino de cultivar una relación íntima con él mediante la oración, la gratitud y la confianza en su soberanía.
Hermanas como sabemos el gozo o la felicidad es un don, un fruto del Espíritu Santo que nace de una relación correcta con Dios. No es una emoción pasajera, sino un estado de plenitud que se elige al confiar en él.
Mantener una actitud agradecida en todo momento es clave. Nuestra meta debe ser el deleite de hacer su voluntad, en cuidar nuestras palabras y encontrar gozo en la vida cristiana.
Refrenar la lengua del mal y hablar palabras de vida es fundamental para gozar de días felices, manteniendo tus ojos puestos en el Señor, leamos:
1 Pedro 3:10
Porque: el que quiera amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal y sus labios no hablen engaño.
Amar la vida y ver días buenos: No se refiere solo a una vida larga, sino a una vida de calidad, paz interior y propósito, disfrutando del favor de Dios incluso en medio de pruebas.
Porque: el que quiera amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal y sus labios no hablen engaño.
Amar la vida y ver días buenos: No se refiere solo a una vida larga, sino a una vida de calidad, paz interior y propósito, disfrutando del favor de Dios incluso en medio de pruebas.
Pedro incluye en su mensaje que debemos refrenar la lengua del mal, llamándonos activamente al dominio propio sobre el habla. Implica no chismear, no insultar, no calumniar, no murmurar y no responder con maldad a quienes nos tratan mal.
Muy severa advertencia del Apóstol Pedro, sobre todo para nosotras las mujeres.
¡Es necesario refrenar nuestros labios!
¿Qué significa refrenar?
Significa contener la fuerza o violencia de una cosa, en especial de un sentimiento.
Luego el apóstol Pedro nos dice que debemos hablar con la verdad, ser íntegras y no usar mentiras o astucias para beneficio propio.
Pedro cita versos del salmo 34 para llevarnos a enfocarnos en que la conducta correcta trae bendición.
Los creyentes debemos vivir en armonía, ser compasivos y no devolver mal por mal, sino bendecir, leamos ahora los versos
1 Pedro 3:11-12
Apártese del mal, y haga el bien; Busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.
¡Entonces nos conviene hablar sabiamente para ver días felices! Las escrituras dicen que si.
Jesús nos dejó su palabra y nos da la pauta para saber cómo disfrutar de la vida.
Ella nos dice qué hacer, qué decir y cómo hacer para tener días buenos y maravillosos.
Pero para lograr esto, nuestro Señor nos pide que cuidemos nuestra lengua de hablar mal.
El Apóstol Santiago en su carta en el capítulo 3, exalta a aquél que puede controlar la lengua, pues si logra controlarla, cambiará su manera de vivir.
Santiago 3:2
Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.
A menudo todos tropezamos y ofendemos de muchas maneras porque no hemos llegado a la perfección, pero si llegará alguien al control del habla será el indicador máximo de madurez espiritual y dominio propio.
Hermanas la lengua es tan difícil de domar que, si se logra, el resto del carácter (acciones, reacciones) también está bajo control, funcionando como el timón de un barco o el freno de un caballo.
No olvidemos que nuestras palabras reflejan la verdadera condición de nuestro interior y tienen el poder de dirigir el curso de nuestra vida.
Además Santiago también advierte que este órgano tan pequeño puede causar mucho daño.
Santiago 3:5
Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
Esta es una verdad, pensemos esto, una pequeña chispa puede incendiar un bosque.
¡Que peligrosa es nuestra boca!
Hermanas hay una necesidad de controlar lo que decimos, ya que nuestras palabras pueden tener consecuencias enormes.
Por tal motivo, Santiago usa esta idea para ilustrar cómo algo mínimo puede causar un gran impacto.
También la responsabilidad en el hablar, advirtiendo que lo que parece inofensivo ("pequeño") puede encender conflictos graves.
Un comentario imprudente, una mentira o un chisme pueden causar daños inmensos y duraderos en vidas y relaciones.
Y en vez de tener días felices, serán infelices llenos de angustia, depresión, desgano y todo lo que conlleva la imprudencia.
Las escrituras nos dicen en:
Proverbios 12:18
Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina.
Oh amadas, que inmenso poder tienen las palabras, algunas actúan como puñaladas que hieren profundamente, son palabras que, al igual que una espada, cortan, causan dolor emocional y físico, y pueden dejar cicatrices duraderas en las personas.
Mientras que las palabras sabias trae sanidad y alivio, no solo evitan dañar, sino que tienen la capacidad de reparar, animar y dar vida.
Reflexionemos:
¿Cuántas veces hemos dicho lo que no debíamos?
¿Cuántas hemos hablado demás?
¿Cuántas veces hemos herido por no controlar nuestras palabras?
A todo esto:
¿Hemos buscado el rostro de Jesús y hemos pedido perdón?
Ahora volviendo a Santiago, recordemos que él nos ha dicho que el órgano más pequeño de nuestro cuerpo es la lengua, y tiene mucho poder, solas y en nuestras propias fuerzas no la podemos domar.
Santiago 3:8
Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
No podemos controlar las palabras que salen de nuestra boca. No tenemos esa capacidad para hacerlo.
Nuestra lengua es más poderosa que nosotras.
Nadie puede domar la lengua y dominar su habla con sus propias fuerzas o por mera fuerza de voluntad.
Solamente una lengua regenerada, en un cuerpo redimido, es decir, una lengua que Dios ha domado, puede ser utilizada por él.
Como creyentes estamos llamadas, en obediencia a Dios, a decir solo lo que es bueno y útil, a ejercitar el autocontrol o dominio propio, a deshacerse de las palabras desagradables y a pronunciar palabras sanas que afirmen la vida
El apóstol Santiago sabía muy bien como es nuestro corazón y deja verdades para nosotras, revisemos lo que hablamos, nuestras palabras deben dar vida, no dañar, ni dividir.
De un corazón no debe brotar dos fuentes, dos lenguajes, debemos ser sabías al hablar, Santiago continúa advirtiendo:
Santiago 3:9-10
Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos y a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
Es hipócrita alabar a Dios y bendecirlo, mientras se insulta, critica o habla mal de otros, maldiciendo.
La lengua es descrita como un "mundo de maldad" por ello el llamado de Santiago es a la coherencia en el habla y a que el corazón y la boca se enfoquen en construir en lugar de destruir.
Nuestras palabras son como un fuego que enciende todo el curso de nuestra vida.
Bendecir a Dios y maldecir a las personas son dos cosas que no deberían salir de la misma boca, al hablar mal demuestra que hay corrupción dentro de nosotros.
Lo que hablemos puede cambiar nuestras relaciones, dañar reputaciones, pueden aún ocasionar guerras.
Pueden cambiar el día a una persona o aún su vida, y los días que son bendición de Dios, pueden ser días de maldición por culpa de nuestras palabras.
Ahora si deseamos tener relaciones fuertes en nuestras casas, en las relaciones entre amigos, en la congregación o el trabajo? debemos aceptar lo que aconseja las escrituras y poner atención en ella.
Hermanas las palabras revelan el estado del corazón y que el uso de la lengua es una prueba de madurez espiritual.
Es así, hablar lo que no debemos nos pasa a menudo, por que hablamos lo que hay en nuestro corazón, y la razón es: porque aún tenemos una naturaleza pecaminosa, y lo que acumulemos en nuestro corazón saldrá por nuestros labios. ¡tengamos cuidado! Leamos lo que dice:
Lucas 6:45 (b)
...De la abundancia del corazón habla la boca
¿De que llenamos nuestro corazón?
¿Quién gobierna nuestra lengua?
Pablo nos deja escrito lo siguiente en:
Efesios 4:29
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
La exhortación de Pablo se parece mucho a la conocida frase: "Si no puedes decir algo agradable, no digas nada".
Nuestras conversaciones deben ser buenas, con propósito, valiosas, edificantes para los demás, debe ser apropiada para la ocasión y responda a las necesidades de los demás, hablando con franqueza, bien sazonadas, en buenas condiciones, sin utilizar palabras corruptas o lenguaje soez. Solo así podremos caminar en la santidad y pureza de Jesucristo.
En otras palabras: los cuentos obscenos, las conversaciones necias y los chistes groseros o vulgares no son para nosotras.
Hermanas pero hay una buena noticia, tenemos a alguien enviado por nuestro Señor, al Espíritu Santo que nos ayudará a dominar nuestra lengua y hablar con sabiduría.
Dios conoce que somos débiles ante tal pequeño órgano y nos deja una salida que es la de orar, pedir a Dios que su poder de dominio nos controle al hablar.
Dios nos ayudará si le pedimos, pero debemos esforzarnos y aprender a refrenar, a contener, a cuidar nuestras palabras llenas de engaño.
Su palabra está cerca de nuestro corazón para obedecerla, sigamos su consejo.
¡Que nuestro corazón albergue palabras dulces!
Leo lo que nos dice:
Colosenses 4:6
Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.
En tiempos de Pablo, la sal era tan valiosa que se usaba como moneda y se apreciaba por su capacidad para conservar y dar sabor a los alimentos . De igual modo, las conversaciones de un cristiano debe ser útil y valioso, con un toque distintivo que lo diferencie de las conversaciones de los no creyentes, y preservando el mensaje de Jesucristo. ¿Amén?
Amadas pongamos en práctica lo que hemos leído y/o escuchado, a bendecir y glorificar a Dios en todo momento y a enfocarnos en las bendiciones recibidas en lugar de las carencias.
Y finalmente seamos agradecidas por la felicidad que nos da el Señor en cada día, las ánimo que al despertar cada mañana agradezcas a Dios por la vida y decide vivir el día con gozo y confianza en su amor.
No olvides que la felicidad se encuentra en la comunión con Dios, orando sin cesar y encontrando la dicha y felicidad en su palabra.
Padre quisiera orar como el salmista en el
Salmo 141:3
Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios.
Si Señor, necesitamos tu intervención.
Ayúdanos hablar prudentemente y callar cuando es necesario, que nuestras palabras sean de animo, de edificación mutua y si en algún momento tengo la tentación de expresarme mal, que tú Espíritu Santo tome el control de mis labios, Padre ayúdanos a buscar la felicidad diariamente viviendo piadosamente, sabiendo que tú sabes todo nuestros pensamientos y actitudes, dejamos todo bajo tu soberanía en el nombre de Jesús, amén.
VIVAMOS EL DIA A DIA FELICES, HABLANDO CON SABIDURÍA Y SI NO NOS GUSTA LO QUE ESTAMOS VIVIENDO, MIREMOS LO QUE ESTAMOS HABLANDO.
¡Dios con nosotras!
Comentarios
Publicar un comentario